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PRIMER AÑO DE GOBIERNO

La fusión de las cajas y el gallego lastran a la Xunta el balance anual

01.03.2010  La hoja de ruta para que Caixa Galicia y Caixanova acaben siendo una única entidad está atascada por las trabas del Gobierno central // Tres manifestaciones multitudinarias cuestionan el diseño de la Xunta para instaurar la enseñanza trilingüe en gallego, castellano e inglés // Pese a los anuncios de un plan de choque, la mayor parte de los indicadores económicos son actualmente peores que en marzo de 2009 // Las listas de espera se incrementan, aunque por primera vez se reducen los tiempos de atención para las enfermedades más graves

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NATALIA SEQUEIRO • SANTIAGO

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, reflexiona en la inauguración de una jornada sobre las cajas
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, reflexiona en la inauguración de una jornada sobre las cajas

Feijóo celebrará hoy el primer aniversario de su victoria electoral con dos de sus principales proyectos atascados. La fusión de las cajas y el modelo de educación trilingüe han supuesto en los últimos meses los mayores quebraderos de cabeza para el jefe del Ejecutivo gallego, tras un inicio de legislatura en el que se afanó en borrar la huella del Bipartito. La crisis ha empañado también los primeros doce meses de gobierno. Pese a que la reactivación de la economía fue la principal promesa lanzada por Feijóo en su investidura, lo cierto es que Galicia se enfrenta a los peores indicadores de los últimos tiempos, con 20.000 parados más que hace un año.

La política financiera

En una maniobra política inaudita, Alberto Núñez Feijóo se arrimó al BNG para llevar a cabo su compromiso de fusionar las cajas gallegas. La reticencia de Caixanova a la operación, primero, y las trabas impuestas desde el Gobierno de Zapatero a la Lei de Caixas aprobada en el Parlamento gallego, después, están sembrando de obstáculos el camino ideado por el presidente. Feijóo no cede en su empeño, convencido de la necesidad de contar con una entidad fuerte para evitar la desaparición de Galicia del mapa financiero.

El decreto trilingüe

Tras sus enraizados ataques al Bipartito por la supuesta imposición del gallego en las aulas durante la campaña, Feijóo lograba cumplir in extremis su promesa de presentar un nuevo modelo antes de 2010. En un Consello de la Xunta poco habitual -se celebró el 30 de diciembre y por la tarde- su equipo ponía sobre la mesa unas bases de decreto que no han convencido prácticamente a nadie. La contestación social se ha materializado en tres manifestaciones multitudinarias -dos de ellas se celebraron incluso antes de conocerse la propuesta-. Además, tanto la Real Academia Galega como el Consello da Cultura han rechazado el proyecto al entender que desprotege al gallego. La Xunta no ha desvelado oficialmente si modificará su plan inicial de que gallego, castellano e inglés se repartan equitativamente las materias. Pero ya ha dado a entender que el curso que viene, probablemente, gallego y castellano sigan al 50%.

Sin plan de choque

La crisis económica ocupó 24 de las 48 páginas del discurso de investidura de Feijóo. En su primera comparecencia en la Cámara gallega prometió activar un plan de choque para relanzar la economía, que la oposición denuncia que no aparece por ninguna parte. Entre las medidas propuestas figuraba la rebaja fiscal para las familias con menos de 17.700 euros que debería afectar a 600.000 personas. Feijóo ya la ha pospuesto para el final de la legislatura.

Más listas de espera

La primera polémica relacionada con la sanidad llegó en el mes de agosto. La consellería Pilar Farjas decidió unilateralmente suspender la actividad de quirófanos y consultas por las tardes, las conocidas como peonadas. Como contrapensación Sanidade prometió rentabilizar el funcionamiento en los hospitales por las mañanas. Aún así, la espera máxima de 60 días prometida por Feijóo en la campaña sigue muy lejana y en diciembre la media alcanzaba los 79,6 días, casi nueve más que con el Bipartito. El Ejecutivo Feijóo argumenta a su favor que por primera vez el Sergas logra atender a las patologías más graves -prioridad 1- en menos de 30 días.

Apuesta por la gestión privada

La llegada de los populares al poder ha abierto también la puerta a la privatización de la gestión de los servicios públicos, siguiendo el modelo que Esperanza Aguirre o Francisco Camps desarrollan en Madrid o Valencia. Los nuevos hospitales previstos en Vigo y Pontevedra se construirán con capital privado, y aunque el modelo no está cerrado, se espera que las empresas constructoras asuman después las concesiones de algunos servicios como cafeterías o limpieza. La externalización de servicios, como suelen denominarlo desde la Xunta, alcanzó también a 18 centros de día para mayores que están pendientes de apertura.

Más ayudas a dependientes

La agilización de las ayudas previstas en la Ley de Dependencia ha sido la principal baza del área de Benestar. El departamento que dirige Beatriz Mato presume de resolver en ocho meses las solicitudes de 10.000 gallegos. Además, la Consellería ha iniciado los trámites para pagarle los atrasos a más de 7.000 dependientes.

Caída de la licitación

El Gobierno de Feijóo se vio favorecido por la entrada de un gallego en el Ministerio de Fomento. El presidente popular logró convencer al lucense José Blanco de la necesidad de desbloquear las obras del tren de alta velocidad, algo que Touriño no consiguió en la época de Magdalena Álvarez. En verano, Blanco y Feijóo sellaban el Pacto do Obra­doiro que blindaba 4.700 millones de euros para el ferrocarril. Si las obras del Estado están avanzado, las de la Xunta van más despacio. En el último año la licitación de obra pública cayó un 56% con respecto al anterior, y la Xunta lo achaca al agujero económico encontrado en los presupuestos cuando llegaron al Gobierno.

Tímida ordenación territorial

La promesa de aprobar en el primer semestre las directrices de ordenación del territorio y el plan del litoral, tampoco se ha cumplido. La Xunta ahora asume que no estarán listas hasta finales de 2010. Feijóo sí ha sabido ganarse al municipalismo gallego, pese a que la Fegamp está en manos socialistas, al acceder a sus requerimientos para cambiar la Lei do Solo.

Gestión de la basura

Con una única planta incineradora en Cerceda, la gestión de los residuos en Galicia lleva años colapsada. En los últimos doce meses, el departamento de Medio Ambiente sólo ha publicado un primer borrador con sus intenciones para un nuevo modelo del tratamiento de la basura.

Xacobeo

El Año Santo se ha estrenado con polémica. En la meta del Camino se han sentido discriminados ante el intento de la Xunta de extender el efecto Xacobeo a toda Galicia. La falta de alusión a Santiago en el lema promocional -Agora é cando, Galicia é onde- y la ausencia de una gran programación en la capital gallega provocó críticas incluso desde filas populares, con el concejal Gerardo Conde Roa increpando al conselleiro. A última hora la Xunta ha virado el timón y parece haber firmado la paz con Santiago.

nsequeiro@elcorreogallego.es 

El plan de austeridad y los 17 audis que no se logran vender

El audi de Touriño, en la subasta FOTO: LAVANDEIRA JR/EFE
El audi de Touriño, en la subasta
FOTO: LAVANDEIRA JR/EFE

En plena crisis económica, Feijóo hizo de la lucha contra el 'lujo' del Bipartito su bandera de campaña electoral. El flamante Audi A-8 blindado en el que viajaba Touriño sirvió como síntesis perfecta de sus continuas acusaciones de despilfarro. Nada más acceder a la Xunta, el presidente cumplió su promesa de viajar en un Citroën más modesto y poner a la venta buena parte de los audis del parque móvil de San Caetano, muchos de ellos heredados de la época de Fraga. Pero la jugada no salió excesivamente bien. El 17 de octubre se celebró la subasta, y la Xunta sólo logró colocar tres de los 20 coches que aportó a la puja. Nadie quiso el vehículo de Touriño. La polémica por los ostentosos vehículos oficiales durante la campaña dio paso a una de las primeras medidas puestas en marcha por Ejecutivo Feijóo, el Plan de Austeridad. Lo primero fue adelgazar su gabinete. Las consellerías pasaron de 13 a 10, las direcciones generales de 79 a 68 y las subdirecciones generales de 239 a 218. También se suprimió el medio centenar de delegados provinciales por cinco territoriales. Presidencia cifra el ahorro en nueve millones de euros anuales y 35 a lo largo de los cuatro años de legislatura. Ya en terreno parlamentario, la negativa a eliminar el polémico plus de los altos cargos o el escándalo de las dietas irregulares en filas populares han empañado la trabajada imagen de austeridad.

Ocho meses para derribar la herencia del Gobierno bipartito

Molinos eólicos, en el parque de Xestoso FOTO: RAMÓN ESCUREDO
Molinos eólicos, en el parque de Xestoso
FOTO: RAMÓN ESCUREDO

"No venimos a restaurar ningún pasado ni a derribar lo que hicieron bien nuestros antecesores". Con estas palabras se dirigía Núñez Feijóo a la Cámara nada más ser investido presidente. La acción de Gobierno durante los primeros ocho meses de mandato evidencia que a juicio de los populares el Bipartito no tuvo prácticamente aciertos. La política estrella del nacionalista Fernando Blanco al frente de Industria, el concurso eólico, fue anulado poco después de que los populares llegasen al poder. También hubo cambios en el plan acuícola. Los socialistas habían blindado el Cabo Touriñán para la cons­trucción de piscifactorías debido a sus valores medioambientales, pero Feijóo ha vuelto a incluirlo en el proyecto. En verano la red de galescolas impulsadas por Anxo Quintana contaron con una nueva inquilina. Una 'galiña azul' ocupó la sinaléctica de las escuelas infantiles para combatir la supuesta politización de los centros. Con el inicio del curso, cambió el sistema de libros de texto. Si el Bipartito los ofrecía gratis en régimen de préstamo para todas las familias con hijos dentro de la educación obligatoria, ahora sólo el 25% -los más necesitados- pueden disponer de ellos, eso sí en propiedad.

Vázquez, Varela y Farjas, el trío de conselleiros más polémicos

Roberto Varela, izquierda, y Jesús Vázquez FOTO: ANA VARELA
Roberto Varela, izquierda, y Jesús Vázquez
FOTO: ANA VARELA

Feijóo ha impuesto a su Gobierno un aire presidencialista, quizás para marcar distancias con la etapa anterior de la que siempre criticó la división abierta entre socialistas y nacionalistas. Dos consellerios se erigen como sus principales bastiones, el titular de Presidencia, Alfonso Rueda, y el "megaconselleiro" de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas, Agustín Hernández. El primero, secretario general del PPdeG, es el hombre político, mientras que el segundo se erige como el gestor sobre el que recaen buena parte de las políticas inversoras de la Xunta.

Pese a que la mayor parte del resto de conselleiros pasa discretamente por el Gobierno, algunos han destacado por sus actuaciones polémicas. La política lingüística y el enfrentamiento abierto con las universidades -que ha logrado reconducir a última hora- hacen del titular de Educación, Jesús Vázquez, uno de los conselleiros más contestados. También Pilar Farjas ha recibido críticas por su gestión al frente de la sanidad gallega.

Poco afortunadas, dado su cargo político, fueron las declaraciones del titular de Cultura, Roberto Varela. En medio de una intervención para justificar la retirada de subvenciones, llamó "acomplejada" y "ensimismada" a la cultura gallega. Once premios nacionales de literatura exigieron su dimisión.

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