Viernes 25.05.2012
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¿Está en pecado un cura si, por necesidades del guión, debe realizar cuatro o más misas diarias? ¿Qué tiene que hacer un religioso que cubre tres o más parroquias para atender las necesidades espirituales de sus feligreses? ¿Se puede negar un párroco si uno de sus siervos le pide una misa cantada extra para agradecer a Dios un favor? ¿Debería negarse? El último Boletín Oficial publicado por el Arzobispado de Santiago lo tiene claro y recuerda a los sacerdotes que "non é lícito celebrar máis dunha misa ao día", exceptuando "Nadal e a Conmemoración dos Fieis Defuntos, nos que se poden celebrar tres misas". También cuenta con una excepción el Domingo de Resurrección. En este caso, puede ofrecer más de una Eucaristía si una de ellas supone una concelebración de la Vigilia Pascual, si se da con el obispo o si es una misa conventual.
La teoría es clara pero la práctica es más complciada ya que son muchos los sacerdotes que necesitan cubrir varias parroquias, ya sea por la falta del titular, por enfermedad o por algún imprevisto de un colega.
Las normas de la Iglesia prohíben, además, "las misas encadenadas". Es decir, "las que realiza el mismo sacerdote sin salir del altar, enlazando una con la siguiente" porque "a dignidade do sacrificio eucarístico e a debida consideración que se lles debe ós fieis prohiben esta corruptela". También se recuerda la improcedencia de tener misas cantadas los domingos y festivos fuera del horario habitual sólo para complacer las peticiones de alguna familia. "A mera petición particular non é, en ningún caso, razón suficiente", afirman. Y ante el problema de "la escasez de sacerdotes", el Arzobispado urge una organización "más racional del número y de los horarios de las misas, así como una más grande disponibilidad de los sacerdotes que no tienen ministerio parroquial. "Convén regular aquelas misas que non están xustificadas por un verdadeiro motivo pastoral ou que figuran como simple elemento integrante ou decorativo dalgunhas festas, máxime se as piden para seren celebradas fóra de lugar sagrado". Los teóricos dictan la norma pero la realidad obliga, incluso, a "poner una vela a Dios y otra al diablo".
