Viernes 25.05.2012
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| María Jesús Sainz, Louzán y Baltar, en la tribuna de invitados |
Tiene razón Sabina cuando en su tema Y sin embargo dice que "dos no es igual que uno más uno". Ayer se comprobó en el Parlamento de Galicia, donde el estreno de Feijóo como presidente y el debut de Vázquez y Aymerich dieron lugar a nuevas tácticas. Del dos contra uno de Touriño y Quintana frente a Feijóo, pasamos al doble uno contra uno. El cambio favoreció al líder del PP, que depende de él, y perjudicó a los opositores, necesitados de reivindicarse individualmente, pero obligados a hacer visible una alternativa conjunta, objetivo donde fallaron.
De salida, sorprendió Feijóo con una oratoria marcadamente galleguista, rozando incluso el nacionalismo. "Gobernar é implicarse, non inhibirse, os males de Galicia viñeron por non ter un goberno propio, agora que o ten ímolo exercer", aseguró. Dejó claro, sin embargo, que lo suyo no es "un galeguismo de museo, senón de feitos". Porque su gobierno "é dos que traballan e non dos que cantan", aseguró al compararse con el Bipartito, para lo que recordó la fábula de la cigarra y la hormiga, situándose él al lado de esta última. Lenta, pero segura. Sin pretenderlo, nos reveló lo bien retribuidos que están algunos, cuando dijo que al reducir consellerías y altos cargos "aforramos 44 millóns". Con semejante ahorro, ahora se entiende su obstinación en que haya una gran caja gallega, que "non nos podemos permitir perder".
Dijo también que Galicia "é un peregrino que recorre o seu camiño", clara metáfora, pues el que camina de verdad es el Papa, cuya visita a Compostela agradeció a la Iglesia. Sea o no por facilitar la llegada de Benedicto XVI, aprovechó para anunciar la creación de la Axencia Galega de Estradas, para que todos los caminos conduzcan a donde tienen que conducir, y no sólo a Roma. Y para concluir, llamó a la unidad echando mano de la controvertida publicidad del Xacobeo: "Agora é cando, Galicia é onde". Aymerich vivió ayer una situación extraña. Participó en el debate por la huida de Quintana y la incomparecencia de su relevo, Guillerme Vázquez, que no es diputado. Lidera, además, un grupo que lucha contra la fuerza hegemónica del BNG. Jugando con su apellido, puede hacerse un revelador vocativo: ¡Ay, Merich, qué hermosa oportunidad te cayó del cielo! Estuvo fino, pero no remató. Dio a Baltar el mismo rango que a Feijóo, suscribió las opiniones de Palmou sobre el gallego y se lamentó de que el Papa venga en otoño y no en primavera, no por temor a que se resfríe, sino porque como reclamo turístico mejor que venga en temporada.
Pachi Vázquez buscó siempre el cuerpo a cuerpo con Feijóo, al que de entrada le espetó: "Poderá ser vostede un bo galego, nunca un galeguista, porque un galeguista non apuntilla o galego". Suena a trabalenguas, nunca mejor dicho, pero tiene su enjundia. De ahí, pasó directamente al asunto más esperado del día, la Lei de Caixas, acusando al presidente de "non respetar as normas do Estado" y tratar de imponer sus criterios "sin negociar". Pese a todo, se ofreció a dialogar porque, de nuevo pura lógica, "con acordos será posible, sen acordos non".
Para lo caldeado que estaba el ambiente con el idioma y las cajas, el debate fue sosegado. En sus primeras intervenciones, Aymerich y Vázquez aguantaron con solidez. En las réplicas hicieron lo que pudieron, sobre todo el nacionalista, pero Feijóo aprovechó su mayor experiencia y tiempo para escarbar en las diferencias de sus oponentes.
