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tribuna libre

Madre Antonia de Jesús en su 250 aniversario

10.03.2010 

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JOSÉ MARÍA DÍAZ, DEÁN DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO

Gústenos o no, Galicia no es tierra de santos. Sólo contamos con algunos muy antiguos (S. Rosendo, S. Froilán, S. Pedro de Mezonzo...) y los que posteriormente nos han ido matando por ahí adelante, como S. José María Díaz, obispo y mártir en Vietnam, en el siglo XIX, del que, naturalmente soy especialmente devoto.

En este contexto escuálido cobra especial interés la causa de beatificación en marcha de la fundadora del Carmelo e Santiago, Madre Antonia de Jesús. Hoy, 10 de marzo, se cumplen 250 años de su muerte. Vida singularísima la suya: esposa, madre de familia, religiosa carmelita, escritora, recorredora de múltiples rutas hasta dar con el camino que la condujo a Compostela.

Es mucho lo que se ha escrito sobre ella. Ahí están los amplios legajos de su proceso diocesano de beatificación introducido a raíz de su muerte, aparte de sus propios autógrafos y numerosos escritos que las carmelitas han sabido conservar con singular devoción. Recientemente una monja de la Orden escribió una hermosa y documentada biografía bellamente editada por la Fundación Barrié, en la que dice muchas cosas y da a entender muchas más.

El proceso de beatificación se vio interrumpido durante muchos años, pero se retomó con decisión, impulsado por nuestro arzobispo de entonces el hoy arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco Varela. Con Juan Pablo II, teresiano fervoroso, soplaron aires muy propicios para las causas de los santos, singularmente favorecedores para la Orden del Carmen. En punto a canonizaciones los P.P. Carmelitas cuentan con una larga secuencia de eficaces promotores en la Curia Romana. Llegó a hacérsenos familiar la figura del P. Simeón de la Sagrada Familia, conocedor único de los caminos y vericuetos que conducen a la Gloria de Bernini, el marco luminoso ocupado tantas veces a lo largo de por siglos con los retratos de santos y beatos. Entre sus últimos logros está la canonización de la carmelita peruana Santa Teresa de los Andes, riojana de origen como él mismo. Creo que fue precisamente el P. Simeón quien comprobó aquí en Santiago la base sólida que ofrecen para un proceso exitoso los hechos y escritos de la Madre Antonia de Jesús. Hoy el proceso está ya en Roma, a la espera de una próxima declaración de las virtudes heroicas. Su nombre podrá añadirse pronto a la lista áurea de nuestros santos peregrinos.

Madre Antonia fue una peregrina santiaguista sin retorno, después de caminatas arduas, de aquí para allá, como esposa y madre, hasta obtener respuesta al deseo místico acrecentado en su alma: la vocación a la vida contemplativa, profesando como carmelita descalza en Alcalá de Henares. La gracia no cambia la naturaleza, y bien patente se hizo en ella la morriña vertida a lo divino en aquellas sus visiones oníricas de esclavinas y bordones empujados por el viento hacia el occidente gallego.

Coincidente en muchas cosas con Santa Teresa, supo mucho de encuentros útiles y de negociaciones. En Madrid pudo entrevistarse nada menos que con la reina consorte de Fernando VI, Doña Bárbara de Braganza; debió de caerle muy bien a aquella reina portuguesa, tan favorecedora de conventos... Y a Santiago llegó para terminar edificando un convento de alegres amaneceres. Al principio fue vivienda angosta, como tantas fundaciones de Santa Teresa en los comienzos. Pero al fin logró levantar casa bien asentada con hermosa iglesia, amplia huerta y celdas silenciosas orientadas al sol naciente... y supo gobernarla con tiento y arropar convivencia, no sin sufrir algún que otro contubernio monjil.

Le acompañó siempre la calma, con papel y pluma a punto para transmitir sus vivencias. No es explicable humanamente la obra literaria de esta monja inicialmente analfabeta. ¿Dónde y cómo aprendió a leer y a escribir tan bien? La asimilación del ideario de Santa Teresa y más aún, según creo, del de S. Juan de la Cruz, se evidencian claramente en sus escritos... Santa Teresa escribió su famoso "Camino de Perfección". La Madre Antonia, constructora de casa sólida, prefirió un título bien distinto: "Edificio Espiritual". Toda la técnica constructora, toda la sabiduría ordenadora de los ambientes, todo el gusto estético hermoseador de cada estancia, están plasmados en el "Edificio Espiritual". Se dice que es la obra de literatura mística más importante de la España del siglo XVIII, lo cual, a mi modo de ver, no es mucho decir, a poco que se conozca el panorama de la literatura religiosa española de este siglo. Dice mucho más la comprobación directa, el calambre místico que el "Edificio Espiritual" transmite al lector espiritualmente sensible.

Mil plácemes a las Madres Carmelitas en este 250 aniversario de la madre fundadora del Carmelo Compostelano. ¡Qué llegue pronto la anhelada beatificación que, con toda seguridad, se tendrá aquí, en nuestra catedral, cabe el Apóstol a cuya sombra quiso ella morir hace hoy 250 años.

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