Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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El anteproyecto presentado por la Consellería de Educación sobre el plurilingüismo en la enseñanza no es algo similar a las tablas de la ley. Es dicutible como cualquier otra regulación. Sus críticos ejercen su derecho al criticarlo. No hay ninguna duda sobre eso. Sin embargo, en algunos casos está faltando la argumentación y sobrando la consigna. Si se dice que la Xunta está enterrando el gallego, habrá que razonarlo. ¿Qué atenta contra el dioma? ¿El equilibrio, la participación de los padres, la inclusión del inglés? Si no se precisa en qué puntos se apoya la crítica, habrá que llegar a la conclusión de que la descalificación estaba hecha de antemano. También sorprende que, en el coro de ataques al texto, estén los que no presentaron ninguna sugerencia en la fase de consultas. Quizá en los próximos días se aclaren más las discrepancias. En un asunto de esta importancia, la sociedad tiene derecho a saber si se protesta por protestar, o si hay motivos que vayan más allá de las consabidas consignas. Con ellas no se va a ningún sitio.

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