Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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A la mayoría de la gente no le importa que ciertos políticos cobren una pasta gansa, e incluso muchas personas estarían de acuerdo al admitir que sueldos de cuatro o cinco mil euros al mes son bastante cutrelandios si el receptor es un gestor de primera división que sabe manejar, repartir e invertir con genialidad miles de millones de dineretes públicos, o bien planificar con sensatez, diligencia y acierto medidas que benefician de inmediato a la sociedad en general sin plagarlo todo de agujeros negros. Un tipo o tipa así podría cobrar cinco, diez o veinte veces más en la empresa privada, pero da la casualidad que tales gestores se cuentan con los dedos de media mano en los cuarteles generales de todos los partidos políticos, donde abundan, por contra, los burócratas mediocres, cuando no malos o malísimos. Por eso no es de extrañar que a veces asciendan a ministros treintañeros con currículums de risa, y por eso en las direcciones generales hay a veces no pocos chupatintas sin bagaje profesional alguno, y por eso los parlamentos nacionales y autonómicos andan sobrados también de fulanos cuya principal habilidad es tener, cuando la tienen, mucha labia. Ante ese panorama, cada vez más palpable, no es de extrañar que cada vez más españolitos están hasta el mismísimo tupé de mantener con sus impuestos a una inmensa panda en la que los parásitos tienen ya bastante más peso que las mentes prodigiosas y en la que infinidad de listos se inflan a dietas.
Cinco mil euros al mes es mucha pasta o una ridículez, en suma, asegún quien la perciba.Y los políticos quejicas que siempre andan por ahí proclamando lo mucho que ganarían a mayores si estuviesen en la empresa privada hay que animarles a eso, a que se piren a una SA. Sería gracioso comprobar cuánto tiempo tardan en recibir una patada en el culo.

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