Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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Tras debatir sobre el estado del mundo, Gabilondo se movió a unas sillas diferentes y entrevistó a Jorge Edwards. El escritor/embajador llegaba para analizar el cambio de poder en Chile, pero a Chile, en pleno cambio, le ha pasado un terremoto por encima, o por debajo, así, de golpe y porrazo, y esa variable terrible ha venido a modificar todas las percepciones. Edwards, que es muy bueno hablando en público, dijo que el terremoto, a pesar de su intrínseca maldad, había logrado una cosa: poner a todos los chilenos del mismo lado. Dijo más, en el colmo del optimismo: ahora se echarán abajo los viejos hospitales con viejas máquinas y se construirán otros de última generación. Edwards, que ha estado en la diplomacia y en la literatura al mismo tiempo, se manifestaba con gran sentido práctico, esperando que llegaran los nuevos trenes, los nuevos hospitales, las nuevas tecnologías, ahora que Chile había quedado seriamente dañado. O sea, que había que hacer de la necesidad virtud.
Lo de Edwards sonaba a pragmatismo ante lo que ya es inevitable, y en eso coincidía con el señor Crespo. Apareció antes, o quizás fue después, de Edwards y tengo que confesar que me parece uno de los economistas más peculiares que he visto en mi vida (incluyendo a Leopoldo Abadía). Los economistas son una clase especial y hablan de una manera especial. Tal vez en época de crisis haya que tener un economista de cabecera, y por eso las televisiones suelen tener el suyo. Si tienen hombre del tiempo por qué no van a tener economista: ambos suelen trabajar con las tormentas. Juan Ignacio Crespo, de Thomson Reuters, analiza con frialdad y gráficos, pero también con un sentido común no exento de humor. No a la manera de Abadía, ya digo, ni tampoco como Santiago Niño, ni siquiera como Andrés Baños, un periodista que hace poco escribió un libro estupendo titulado La economía no existe. Crespo, ya digo, es diferente. Pero todo un hallazgo. Ver al señor Crespo y su tenue sonrisa, su sensatez a prueba de bomba, reconforta. Todos le miraban, al ver que su lectura de la realidad era diferente. Sacó un gráfico de las crisis económicas del siglo XX que le acercó aún más a Edwards: parecía el registro gráfico de un terremoto.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira