Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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ASÍ como tiene razón María Dolores Pradera al pedir que le devuelvan el rosario de su madre, tampoco le falta al BNG cuando solicita la devolución de los cargos que se llevaron los protestantes. La resistencia de Martiño Noriega y demás colegas tiene una base legal (la alcaldía o concejalía no pertenecen al partido), pero le falta sustento ético. Todos ellos se presentaron en el BNG y fueron votados por ser del BNG. No había una coalición entre el BNG y los Irmandiños, sino una lista que competía bajo una sigla unívoca.
Los argumentos que están utilizando los escindidos son muy poco consistentes. El más endeble es el que asegura que los cismáticos mantendrán la unidad de acción con sus excompañeros, con lo cual el abandono del cargo no tendría sentido. Si esto fuera así, si de verdad benegás y ex benegás van a ir de la mano, es que tienen muchas cosas en común. Entonces, ¿por qué se han divorciado?
Pensemos en una pareja que decide dar por terminada su vida en común, tras lo cual uno de sus integrantes propone compartir el piso y el coche. Aquí pasa lo mismo. Martiño Noriega y los demás irmandiños compartirían el cargo con aquéllos a los que acaban de acusar de autoritarios. A los atónitos ciudadanos se les estaría diciendo que los mismos que en el BNG no se soportaban van a colaborar para el gobierno del municipio. ¿Es serio?
Late en todo esto la sensación de que en el cisma hubo de todo menos planificación. No solo por las dificultades de los irmandiños para articular una posición coherente en esto de los cargos, sino sobre todo por la indefinición ideológica. Pasan los días y sigue sin estar claro hacia dónde peregrinan los escindidos. Son tantos los perfiles que muestra el Moisés de la nueva causa, que tan verosímil es la aparición de una opción socialdemócrata clásica, como la irrupción de un movimiento en la periferia de las instituciones.
Sin descartar una vía en la que converjan todas las expectativas, para dar lugar al Bloque bis, aquejado de las mismas dolencias que el original. El caso es que cualquier plan por el que se inclinen los irmandiños dejará fuera otros, y quizá provoque una escisión dentro de la escisión, con la consiguiente sarta de acusaciones mutuas. En definitiva, que el movimiento cismático es fácil de impulsar cuando se orienta contra un enemigo, pero corre el riesgo de naufragar a la hora de definir una identidad propia.
No cabe duda de que con los irmandiños se fue del BNG un caudal político inapreciable. Beiras es el equivalente actual de Castelao, y aporta un carisma que siempre les faltó a los oscuros jefes de la UPG. A su alrededor hay gente como el alcalde Martiño, que se distingue por su frescura en el ejercicio de las tareas municipales y políticas. Sin embargo, todo eso no es suficiente para levantar un nacionalismo distinto. Se requieren ideas, proyectos, y asimismo un impulso ético incompatible con el mantenimiento del cargo.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira