Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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Sustituyan puñales por silencios, y don Emilio podría ser un César tardío en el Senado. ¿Tú también, Bruto? ¿Tú también, Pachi, Mar, Xaquín, Abel, Beatriz, José Luis, Carmen, Ricardo, Guillermo? Esos aplausos que no sonaron a tiempo son las puñaladas cesáreas que la historia recoge y Shakespeare recrea con su maestría para imaginar prototipos perdurables
Pocos césares se libran de este epílogo final que parece estar inscrito en la naturaleza humana. Sólo que la civilización ahorra sangre y transforma la muerte física en política. Pero salvadas esas distancias, esas palmas caídas del graderío socialista reproducen el drama vivido por casi todos los líderes en el ocaso de su carrera.
Aquí no sólo se dice adiós a un ex, sino también a un modelo. El sacrificio ritual de Touriño se dirige a dioses lejanos, situados a seiscientos kilómetros de distancia, y no a deidades locales. El trono que dejó don Emilio queda vacante, a la espera de que el gran Ausente lo ocupe, o de que llegue alguien con poder suficiente para hacer lo que Touriño no pudo.
Lo que deja tras de sí el político que se despide es un dejà vu. Cuando él toma el control de un PSdeG hecho una pena, se cierra un ciclo en el que el partido vivía a expensas de Madrid y salpicado de reyezuelos locales que iban a su bola. El socialismo galaico seguía los ciclos del nacional. Si subía la ola felipista, llegaba a las costas del socialismo autóctono para proporcionarle una temporada de bonanza. Cuando aparecía la resaca, el PSdeG sufría sus horas bajas, atenuadas por el carisma de alcaldes carismáticos. O sea, Paco.
No es muy diferente el panorama que se va dibujando después de la caída del Bipartito. Hay un Montero Ríos socialista que oficia desde un poderoso Ministerio (el mismo que desempeñó el ilustre compostelano), y regidores que han proclamado su independencia, en este caso en Vigo y no en A Coruña. En el medio de ambos polos, muy poco. Murmullos e incoherencia.
Ese silencio socialista, mientras populares y nacionalistas aplaudían al ex que se iba, es de lo más elocuente. ¿Qué pasaba por la cabeza de las señorías silenciosas, que sólo hace un año figuraban en listas encabezadas por don Emilio? Pues seguramente que su aplauso no gustaría al nuevo poder real de su partido. El norte de la nueva brújula señala al sur. El problema del PSdeG postouriñista va a ser el estar a expensas solamente de los ciclos de la política nacional. Todos son condicionales en su futuro. Si José Blanco se afianza en el Ministerio. Si echa raíces en ese nuevo círculo en torno a Zapatero. Si el Gobierno resiste el deterioro de la crisis. Si bastan los fines de semana para hacer del de Palas una figura galaica. Si Feijóo pierde su estrella. Si el ministro da el paso y viene, emulando el peregrinaje de Manuel Fraga.
Si todos esos supuestos se dan, la historia tendrá un colorín colorado. Pero el cuento está lleno de imponderables. Mientras las cosas no se concreten, la segunda fuerza política del país vivirá un periodo de incierta provisionalidad, que algún importante socialista ourensano ya no pudo resistir
Despidieron con desdén al que fue su presidente y secretario general, pero si se ponen a pensar un poco, tarde o temprano van a necesitar a otro Touriño para que el partido se levante y ande. Lo mismo le pasó a César. Lo sacaron de en medio, celebraron su ausencia, y al final acabaron con otro emperador.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira