Jueves 24.05.2012
| Actualizado 22.01
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El presidente que ayer dijo adiós al Parlamento fue víctima de dos choques de civilizaciones. No en el sentido planetario que le daba Huntington, sino en una versión más doméstica pero igualmente fatal para el socialismo galaico. Hablamos de la colisión que se da entre la versión socialista de la izquierda y la nacionalista, y entre el político que va de semiindependiente y el correoso aparato partidario.
Con el de Touriño, ya son dos los intentos de armonizar esas dos culturas progresistas en el poder autonómico. La primera se produce con Laxe. Tiene como pareja de baile al galleguismo templado y minifundista, y acaba siendo la antesala del donmanuelato posterior. La gente no percibió pluralismo sino desgobierno, optando por un contrapunto rotundo, severo y hasta gruñón, que pusiera orden.
El PSdeG aprendió poco de aquella experiencia. Bajo los cascotes del tripartito quedaba la lección de que un presidente con buena imagen (Laxe la tenía) y aprecio popular (don Fernando gozaba de él) no era suficiente para mantener el prestigio de un Gobierno. El error se reitera cuando Fraga cierra su ciclo. Don Emilio no encabeza una coalición. Es significativo que esa misma palabra fuera poco a poco desterrada del vocabulario oficial, para aceptar otra que no es sinónima sino antagónica. Coalición sugiere unidad; bipartito, apaño. Fue así como la Xunta siguió el ejemplo Austro-Húngaro, en vez de copiar las experiencias de gobiernos mixtos que hay por el mundo.
Socialismo y nacionalismo acudieron a su cita con las espadas envainadas, pero con la mano en la empuñadura, por si acaso. Así estuvieron todo el rato. Que la quito, que no la quito. El chirrido del filo en la vaina fue el himno oficioso de la UTE imperfecta que montaron Touriño y Quintana. Pero sería un error achacar su mutua desconfianza a cuestiones personales.
Como diría un marxista, su mal rollo en la superestructura reflejaba dos culturas políticas que se seguían dando la espalda en la sociedad gallega. ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, se preguntaba la risueña Verónica Forqué en una película. No hubo amor en el bipartito y sexo político tampoco. O Presidente sólo pudo serlo de verdad en los carteles electorales de su última campaña.
Junto a ese choque de civilizaciones, otro referido a los aparatos y los políticos volantes no identificados. Touriño quiso salir del endogámico ambiente partidario, reclutando para la causa a gente del mundo exterior, que los pata negra rechazan igual que un cuerpo al órgano trasplantado.
En la lucha sorda que se libra entre los hombre y mujeres del presidente y el socialismo de toda la vida, ganan los que tienen más trienios. El desarrollo del guión es muy parecido al que se produjo con Laxe en el candelero. Un socialismo y un nacionalismo que no encuentran el encaje idóneo; un Partido Socialista que no entiende las veleidades independentistas del mandatario. Las mismas causas llevan irremisiblemente a las mismas consecuencias, la última de las cuales se produjo ayer mismo en el Parlamento. Más que rechazar a un presidente, Galicia volvió a decirle a la izquierda y al nacionalismo que seguían sin dar forma a su modelo. Queda para la historia virtual especular sobre lo que hubiera pasado si Cleopatra tuviera otras nariz, o si este hombre íntegro hubiese contado con otros mimbres.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira