Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.39
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Si un extraterrestre llegara estos días a Galicia. O a otro lugar de España. O a cualquier país del sur de Europa, no digamos ya Grecia, le sería muy difícil comprender el significado de algunas protestas de los terrícolas. Aquí, por ejemplo, mientras unos salen a la calle o recorren a pie un largo trecho entre Ferrol y A Coruña para reclamar carga de trabajo, otros se quejan por todo lo contrario, porque se lo aumentan. Pero tal vez lo más chocante para nuestro añorado ET sería comprobar que precisamente los que no tienen trabajo alguno, nunca protestan. Seguramente llegaría a la conclusión de que los cesantes, que diría Valle Inclán, son felices así, razón por la que hay tantos.
El sentido común, la razonable deducción marciana sobre la vida en el planeta azul nada tiene que ver con el comportamiento de sus habitantes. Los parados no protestan porque no disponen de altavoces para hacerse oír. Son los parias de la tierra, los apestados de los que se huye. Los sindicatos incluidos, y un partido que se autotitula socialista y obrero cada vez que deja el poder multiplica la cifra de desempleados con respecto a cuando llegó. Y en la comunidad en donde gobierna desde siempre, Andalucía, bate todos los récords. Sin duda, conociendo estos datos nuestro querido visitante volverá a reafirmarse en que lo ideal es no trabajar.
La escasa consideración que tiene el problema del paro se refleja también en los comportamientos sociales. Las últimas grandes movilizaciones desde que está Feijóo en la Xunta, primero fueron por el porcentaje del gallego en la enseñanza, después porque a algunos docentes se les amplió el número de horas lectivas y estos días porque a los funcionarios les quieren hacer trabajar un poco más por el mismo precio. Es tal el cabreo de algunos que además de gritar cretino al presidente le piden que trabaje de interino, lo cual demuestra como mínimo pocos conocimientos. Esa condición ya la tiene, aunque con la salvedad de que su contrato lo ganó por oposición y tiene fecha de caducidad.
Es evidente que a día de hoy, y después de la dura reforma laboral, aun hay colectivos como el de los funcionarios que no son conscientes de la que cae. O tal vez sí, y por eso su prioridad ante la catástrofe que se avecina sálvense quien pueda. Como el tristemente famoso capitán Schettino, el del crucero italiano.
Creo razonables y merecedoras de apoyo las demandas de trabajo de los operarios de Navantia y de Alcoa, por citar dos ejemplos actuales. Entre otras razones –pertenecen a sectores industriales estratégicos– porque se trata de corporaciones con centros de trabajo en otros lugares, y en las que se producen causas extralaborales para repartir la carga de trabajo. Todos sabemos por qué en Ferrol se prohibió la construcción de barcos mientras en otros lugares del sur de España se permitía.
Situación diferente es la de los trabajadores del sector público. Su estatus funcionarial les otorga unas condiciones laborales globales más favorables que a los demás trabajadores, con estabilidad garantizada. Y no apelen al victimismo. Decirlo no es agresión ni ataque ni desprestigio. Es la realidad. Los grandes agredidos son los parados.
Anxo Guerreiro
‘El País’ (7-02-2012)
Núñez Feijóo solo puede revalidar su triunfo electoral por incomparecencia de la oposición. Y esto es por desgracia lo que está a punto de suceder si socialistas y nacionalistas no son capaces de variar su rumbo político actual.
Los electores votan a quien les ofrece más confianza
Ánxel Vence
‘Faro de Vigo’ (11-02-2012)
El Gobierno de Rajoy ya ha aflojado un poco más los lazos que hasta ahora unían a la empresa y a los trabajadores. Aunque estemos lejos todavía de la barra libre estadounidense, algo nos vamos acercando a ese modelo.
Mejor el americano que el chino. Es menos capitalista

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira