Jueves 24.05.2012
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EL INSTITUTO ROSALÍA DE CASTRO, de Santiago, conmemora sus setenta años como tal y el privilegio de estar ubicado en un espacio colegial cuatro veces centenario. Pues bien, en el principio de esta historia, se encuentra un arzobispo compostelano, apellidado San-Clemente, que promovería, en esta ciudad el culto a San Clemente quien tuvo, como no podía ser de otro modo, un lugar en la antigua capilla de este centro.
LA FUNDACIÓN DEL COLEGIO DE PASANTES. San-Clemente era natural de Córdoba (1534) y, antes de llegar a regir el arzobispado santiagués, había sido prelado en la diócesis ourensana (1579-1587). Fundador del Colegio de As Orfas en Compostela (1597) habrá que esperar a poco antes de su muerte (1602) para encontrarnos con su decisión de crear un colegio, dejando a sus herederos libertad para que se levante en donde prefieran: su Córdoba natal, Salamanca, Santiago... Ha de reconocérsele a sus testamentarios -Juan de San-Clemente, su sobrino, y Pedro Sanz del Castillo, su secretario y primer biógrafo- el bien que supuso que decidieran ubicar aquí el Colegio de Pasantes de San-Clemente. De este modo el recuerdo del prelado quedaba patente, como en su día el de Fonseca, en la capital jacobea.
Su escudo podemos verlo en la portada, hasta ocho veces en el claustro y, una vez más, en la parte posterior del edificio, con su cruz, alusiva al Colegio de Santa Cruz de Valladolid -uno de los lugares en los que había estudiado-; un ancla, a relacionar con San Clemente; y una torre ardiendo, alusiva a Tor-Quemada, el apellido que hereda de su madre. El mismo escudo se nos muestra, también, sobre la iglesia y en la portada de la portería del Colegio de As Orfas.
SAN CLEMENTE EN COMPOSTELA. Fue San Clemente uno de los primeros papas. Su nombre fue reiterado por otros miembros del papado que quisieron evocar su ardor en conservar la ortodoxia en el credo eclesiástico. Esto es lo que sucedió con Clemente VIII, que rige los destinos de la iglesia católica entre 1592 y 1605. Pues bien es, en este momento, en el que el prelado San-Clemente introducirá el culto al santo, con el que se siente muy vinculado, en la archidiócesis compostelana. En 1593 cuando se incorpora al tesoro de la Catedral una imagen del santo papa, con las armas del prelado en su base, realizada por el orfebre Jorge Cedeira O Mozo y, al año siguiente, se instituye la fiesta a esta misma advocación, que se incorporará al santoral histórico de la provincia eclesiásticas de Compostela.
Poco tiempo después se construye el coro lígneo de la Catedral, hoy en San Martiño Pinario. San Clemente se representa sobre un sitial, prácticamente inmediato a aquellos en los que aparecen los apóstoles para resaltar, de este modo, su condición de pertenencia a aquellos que forman parte de los primeros tiempos de la constitución de la Iglesia. El atributo con el que se representa al Santo es, precisamente, un ancla, en razón a que le ataron una al cuello antes de arrojarlo al mar.
UNA RELIQUIA DE SAN CLEMENTE EN COMPOSTELA. En 1727 llega a esta ciudad una reliquia de este santo. El arzobispo Vélez es quien rige entonces la archidiócesis y será ahora cuando lo que fue colegio, y después cuartel, se convierta en seminario, a partir de 1729. En forma de figura vestida, yacente, con su cara y manos de cera -siguiendo una fórmula habitual por entonces-, se guardará la reliquia en el seminario y, cuando éste se traslada a San Martiño Pinario, se llevará para allí, en su urna-altar, que hoy se guarda en la statio, ese espacio existente entre la sacristía y la iglesia de este grandioso espacio, anteriormente benedictino. Lo que interesa, en este caso, pues, es subrayar la vinculación que tuvo esta reliquia con el centro que nos ocupa y que guarda consigo, en definitiva, el testimonio de cómo San-Clemente se convirtió en San Clemente, en la historia de este monumento compostelano, ahora conmemorando su historia.
SAN CLEMENTE, HOY. La contemporaneidad le otorgará otros sentidos a este espacio. Aquí estuvo una parte de la Real Sociedad Económica y fue una de las sedes de la Exposición Regional de 1909, capital en la construcción de la autoestima de Galicia. Y, desde hace setenta años, se convierte en instituto. Su profesorado ha sabido conservar, acomodado a cada tiempo, la vocación docente con la que nació esta edificación. Incluso un polideportivo y un salón de actos, proyectados por Josef Paul Kleihues (1990-1993), supondrán, en los tiempos más
recientes, un paso más en la configuración de un centro que cumple con ilusión, cada día, no solo con las tareas docentes, que le son propias, sino también con la de ser un catalizador de promoción cultural, nacida en las aulas y en el quehacer de su profesorado.
(*) El autor es catedrático de Arte

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