Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.08
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Hace un par de semanas, el presidente de la Xunta aprovechó la rueda de prensa posterior al Consello de los jueves para responder a algunas preguntas de los periodistas en torno al cobro irregular de dietas en el Parlamento gallego. Por lo que a él respecta, Alberto Núñez Feijóo acuñó una frase lapidaria, con una pizca de dramatismo, para alejar cualquier sombra de duda. "Ni en los sueños más perversos del PSOE me pueden acusar de hacer algo irregular", sentenció con gesto rotundo. Y no hay por que no creerle, independientemente de que pueda discreparse de si el caso de la dietas es una irregularidad administrativa o un delito. Pero, ya digo, eso sería otro debate.
Así que en lo que hasta ahí dijo nada que objetarle. La sorpresa viene cuando, a continuación, el presidente Feijóo, proclamó que su "compromiso ético", asumido durante la pasada campaña electoral, era "cada día mayor". Si entrar en consideraciones sobre cómo cabe entender la gradación de un compromiso ético, esa declaración, más allá de su pretendida contundencia verbal, carece de solemnidad, quizá por el momento y el contexto mediático, y, en cambio, desprende un tonillo frívolo, muy en consonancia estética con el posturismo inherente a la teatralización de la política, y al uso mercadotécnico del gesto y la palabra, según las necesidades del momento. En realidad, sus declaraciones no dejan de ser algo, que como diría Fernando Vallespín, "se hace todos los días en todos los foros posibles".
Pues sí. Pero la alusión a la ética y a la campaña de las elecciones gallegas merece, cuando menos, una reflexión crítica. Entre otras cosas, porque como bien dice Adela Cortina, a los valores éticos no les podemos adjudicar impunemente cualquier definición. Y aunque la nota 7 del Tractatus de Wittgenstein afirma, "sobre lo que no se puede hablar, se debe callar", Eugenio Trías considera que "sí puede hablarse de proposición ética" y, en todo caso, nada impide mostrar la ética, recuerda Javier Sádaba.
Pues bien, ya metidos en esas lerias y coincidiendo con que Emilio Pérez Touriño ha decido abandonar el primer plano de la política gallega, uno se pregunta desde qué compromisos éticos el señor Feijóo abordó la campaña electoral del 2009.
Una campaña larguísima en la que, por ejemplo, se utilizó una fotografía de Anxo Quintana con Jacinto Rey, en el barco de éste, sin advertir que dicha fotografía era del verano de 2005 y no del verano de 2009, lo que hubiera minimizado los sobreentendidos que pretendían provocar y provocaron los autores de montaje. O se recurrió a una factura falsa para decir que el vicepresidente había gastado 6.000 euros en comprar un minibar para el coche oficial, cuando en realidad se trataba de una neverita de 35 euros.
Una campaña en la que el por aquel entonces el jefe de la oposición intentó acusar veladamente al presidente Touriño de prevaricar, al insinuar que éste había pagado con cargo al erario público de la Xunta la vivienda en la que había veraneado. Y luego lo de los audis, lo del superdespacho en San Caetano y tantas otras falsedades destinadas a transmutar la imagen de una persona honesta y austera en un indecente despilfarrador.
Dejémoslo. No soy capaz de percibir dónde estuvo ahí el compromiso ético.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira