EN LOS DRAMÁTICOS momentos que nos está tocando vivir a españoles y a portugueses la sintonía entre los gobiernos de Madrid y Lisboa es fundamental. Tanto Mariano Rajoy como su homólogo luso, Pedro Passos Coelho, han entendido perfectamente dicha necesidad y se han puesto manos a la obra. Prueba de ello fue la visita relámpago que el presidente del Gobierno efectuó a Lisboa el mes pasado, la primera a un país de la UE, desde que tomó posesión, y la segunda al exterior, después de Marruecos.
Que Rajoy ejerciera de gallego, y de buen vecino, visitando Lisboa, la víspera de volar a Berlín y antes del Consejo informal de Bruselas, no pasó desapercibido entre los portugueses y sus gobernantes. Los principales medios de comunicación lusos destacaron mucho los elogios que el presidente del Gobierno hizo a las medidas de ajuste que Passos Coelho está poniendo en marcha en Portugal, para cumplir las exigencias del rescate.
De la reunión en la capital portuguesa salió, también, el compromiso firme de hacer un frente común en Europa contra la crisis y en defensa de los intereses bilaterales.
Si 2011 fue un año difícil para los portugueses, 2012 ha entrado con un vendaval de sacrificios, como la subida de la luz, del gas, de los transportes públicos, de los peajes, y de prácticamente todas las facturas, ya que el IVA, está en el 23%. Además, en diciembre pasado se alcanzó una tasa de paro histórica del 13,6%, en un país donde la economía sumergida está estimada en el 25%.
Aunque el ejecutivo del centrista Passos Coelho ha conseguido lo que el anterior gobierno, del socialista Sócrates, no pudo llevar a buen puerto: realizar reformas estructurales y la ansiada reforma laboral. Es por ello que las miradas del gobierno español están puestas, más que nunca, sobre Portugal, como confirmó el presidente del Gobierno en Lisboa. La reforma laboral lusa flexibilizará el despido, hasta ahora era casi imposible hacerlo, reducirá el importe de las horas extraordinarias, el número de vacaciones, los puentes y 4 festivos anuales, y permitirá nuevos tipos de contratos temporales. Lo más negativo es que permitirá a los empresarios exigir al trabajador un máximo de 150 horas extraordinarias al año, 250 en el caso de convenios colectivos. En la otra cara de la moneda está la posibilidad, que se le da a los desempleados, de seguir recibiendo el 50% de su prestación, durante 6 meses más, si aceptan un trabajo con menor remuneración que su subsidio de desempleo.
En armonía están también los empresarios y ciudadanos de ambos países que acudieron a la llamada del presidente de la Confederación de Empresarios de Pontevedra, José Manuel Fernández Alvariño. De la reunión de Vigo salió la creación de una comisión permanente hispano lusa para defender la alteración del inconcebible modelo de cobro en las nuevas autopistas portuguesas, que ha motivado la reducción de hasta un 50% del tráfico de vehículos españoles.
Piden reunirse con Rajoy y Passos para solucionar el tema. Y proponen la creación de un área de 100 kilómetros libres de peajes desde las fronteras con España.
¿Lo conseguirán?
Esta primavera, tras tres años sin cumbres bilaterales, los dos gobiernos volverán a juntarse y retomarán la agenda transfronteriza. Con la crisis acechando sobre los fondos de cohesión, el AVE Vigo Oporto cada vez más lejos, y el Madrid Lisboa de atraso en atraso ¿Anunciarán entonces, Rajoy y Passos, una solución para el AVE y para el cobro de peajes a los conductores españoles en las autopistas lusas?