Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.08
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La ceremonia se dividía entre la alfombra y el teatro. Toda la noche se oyeron pasar vestidos. Los cronistas dicen que el pastel y el rosa no contribuyeron al lucimiento, pero Penélope, que se sabía desoscarizada desde el principio, acudió de Donna Karan. La alfombra roja, el paseíllo, mostró a las chicas con escotes palabra de honor: es lo lógico en tiempos de crisis. Ni un exceso, ni una alegría. Pastel y rosa. Las sonrisas no servían para animar la noche, porque tampoco es que compitieran películas extraordinarias. La grisura cuando llega es que llega de verdad.
Ya en el interior, quietud y automatismos. No sé dónde leí que sería la gala más humorística de la historia: oh, cielos. Todo depende del Crystal con que se mire. Alec Baldwin y Steve Martin estuvieron bien, pero tampoco fue la cosa como para tirar cohetes. Bien mirado, tras el desfile, todo sonaba un poco repetido. Cameron no pudo imponer su Ecocrítica con Avatar, absolutamente en la pomada de los movimientos filosóficos del momento, si es que es cierto que los hay. Panteísmo, naturaleza: dicen que puede ser un nuevo Romanticismo, tras la fiebre tecnológica. Pero Cameron estaba anoche en tierra hostil. Que su ex mujer le derrotara fue la c0midilla de la noche. Y el desayunito de la mañana. Lo hizo con la realidad brutal de Irak (pero leo que los soldados verdaderos no se identifican con la película: la guerra, mil veces retratada, es siempre algo más). Por un extraño avatar, aún no vi ninguna: entono mi mea culpa.
Era la antesala del Día de la Mujer (trabajadora) y Bigelow se llevó el primer Oscar como mujer directora. Da algo de vergüenza decir que nunca hasta ahora una mujer había sido premiada en esta categoría. Pero así son las cosas. O eran. En medio de todo eso, Penélope llevaba su derrota prevista, o previsible, con alegría. El caro vestido de Karan fue, dicen, el mejor de la noche. Banderas se llevó a casi toda su productora, sabedor, quizás, de que sin Oscar no hay paraíso: pero siempre habrá alfombra. Todo fue rigurosamente pastel. Humor escaso; películas, las justas. Culpen a la crisis y todos contentos. Como Bigelow mide 1.90, sin duda estuvo a la altura. Pero también lo estuvo en todo lo demás. Palabra de honor.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira