Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.08
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El show de Buenafuente es impredecible. Quiero decir que hacen cosas raras. La imitación de Punset (creo que era Punset) la otra noche no se parecía a Punset, pero funcionaba. Tenía una gracia relativa, como Einstein. Lo cierto es que vemos a BF con buenos ojos, y a Berto como un compinche que tiene sus golpes y su pose. Supongo que no se puede ser sublime sin interrupción.
El humor ya no depende ni de la hora. Mientras Motos hace sus bromas para el gran público, sin perder el resuello a pesar de la marcha que llevan, el Gran Wyoming, casi a la misma hora, prefiere la ironía demoledora y la lengua cáustica, pero cómodamente sentado. Son formas de ver la televisión. Motos no sólo hace humor, sino entretenimiento familiar con mucha ciencia recreativa. Los invitados esperan una entrevista y terminan con una bata, haciendo experimentos. Los experimentos no son tan raros en televisión: fíjense en el programa de Escassi. (Es casi lo que uno se imaginaba. O incluso peor). Wyoming, que tiene en Beatriz Montañez su alter ego femenino, funciona mejor en la trastienda de la noche. Bajo los focos, lejos del prime time, que, sin embargo, le da los mejores dividendos. Veo lo de Buenafuente, sabiendo que habrá de todo (algunas cosas son muy buenas, de acuerdo), y me dejo caer en El intermedio redifundido de la madrugada, que La Sexta ha colocado a esas horas: y por algo será. Tal vez para captar a los que aún están insatisfechos. El Wyoming y la Montañez salen más en su salsa en la trasnoche, aunque sea repetido. Por no hablar de Usun Yoon, que recorre España o se saca el carné de conducir para orientarse un poco. El humor es lo que nos salva el día. Y la noche. El humor es el camino más corto para comprenderlo todo.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira