Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.08
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Y van tres y espero que, a la tercera, vaya la vencida y hoy se acabe esta aclaración acaso ya demasiado larga. Parangonar lo que mi amigo José Antonio Pérez considera masacre realizada con el actual conselleiro de Cultura con la llevada a cabo conmigo en su momento, pudiera inducir a sospechar que su labor en el cargo sea comparable con la llevada a cabo por el equipo del que yo fui máximo responsable y, créanme que no; no, no lo es. También es discutible y, por si pudiera servir de algo, estoy más que dispuesto a hacerlo. No tienen nada que ver. ¿Saben por qué? No porque fuésemos más listos, sino porque la mayoría de nosotros creíamos en el invento, yo el primero, y trabajamos como forzados a galeras.
Dicho esto debo añadir que la masacre que padece el señor Varela (ojalá no pase a mayores) no es tampoco parangonable con la padecida por mí. A mi se me valoraron públicamente mis relaciones sentimentales, las que habrían de dar fruto (legal) a una hermosa persona que hoy se encamina hacia su mayoría de edad. Eran tiempos en los que se ocultaba el hecho de que los coches oficiales pernoctasen en los aparcamientos de los clubes de alterne de las orillas de las carreteras, pero se exponía a los cuatro vientos mi vida privada sin hacer el mínimo tipo de consideraciones. Fue cuestionada mi honradez, expuestos mis sentimientos, sometida una de mis hijas a una pública y mediática vejación, sin antecedentes en la prensa de cualquier lugar; fui acusado de comprar con dinero público a los jurados literarios y destrozado públicamente de forma que tuve que, sin salir de mi país, sobrevivir como persona y como escritor en otros y extranjeros. Cuando se me ocurrió disponer unas ayudas a los escritores en apuros, como tenían los gobiernos de España -el central y los autonómicos de Euzkadi y Cataluña- también los de Francia y Portugal con los que consulté, excuso recordar como mi compañero no de página, pero sí periódico, no en este, sino en otro, pero ya entonces eximio articulista, Carlos Luis Rodríguez, me puso por atreverme a tanto en un artículo mucho menos obsecuente que el firmado por él en el mismo día que el de José Antonio Pérez que dio lugar a estas respuestas. A este me quiero remitir para finalizarlas señalándole que los parangones planteados los resuelve con la afirmación del pulpo en el garaje y la consideración de que el señor Varela mintió en el Parlamento y debe disculparse. No tiene nada que ver el actual conselleiro con ninguno de sus antecesores y menos que con ninguno conmigo; que también soy bastante viajado, por cierto, Carlos Luis, sin que por ello vaya de cosmopolita y se justifiquen en ello mis propios errores.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira