Jueves 24.05.2012
| Actualizado 20.08
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D e Delibes recuerdo, sobre todo, El Camino. También Las Ratas. Eran libros para el colegio: estaban en el programa del Bachillerato. Los cogíamos sin excesivo entusiasmo, como todo aquello que viene obligado. Un clásico, decían. Y Delibes estaba vivo, claro, y salía a veces en la tele con su mirada tranquila y su humildad. Recuerdo que El Camino me gustó tanto que lo leí varias veces. Seguro que fue responsable de mis inicios en la literatura: pero me parecía triste. Durante varios años creí que la literatura, como el árbol de la ciencia, tendría que ser necesariamente triste. Porque, si no pasaba nada malo, si no había algo trágico, si no se liberaban lágrimas, aquello no era literatura. Tardé en saber que el humor también era excelente. Un día nos dijeron que el Quijote era una obra humorística y miramos al profesor con sorna y escepticismo. Delibes me enseñó que había siempre algo triste y duro en el ser humano, y que la vida es, como decía el otro, un hermoso viaje que siempre acaba mal. Lo decían los existencialistas, y recuerdo que nos hicieron leer a Camus. Leímos El extranjero, que, tal vez, deberían haber titulado, El extraño. O El forastero. También era triste y deshabitado. Aquellas lecturas nos hicieron despertar a la soledad del ser humano. Para ser adolescentes, la edad más cruel, lo llevamos bastante bien. Y luego volví a El Camino, y a Las Ratas, ya con más argumentos, y con cierta solidez juvenil. Me parecían libros realistas, sin concesiones. Tiernos y crueles, al mismo tiempo. La vida, seguramente, era ya así.
Ahora Delibes ha muerto y pasa el homenaje por las televisiones. Debería pasar mucho más, pero no está la pantalla para muchas literaturas. Así son los tiempos que corren. La muerte del sobrio escritor me pilló en el extranjero, pero vi a los diarios titulando con generosidad tipográfica y eso me indicó que aún hay sensibilidad literaria en la prensa escrita. Por alguien que fue, no lo olvidemos, un gran periodista. Televisión Española le dedica lo mejor que tiene: La sombra del ciprés es alargada, el documental de Emiliano Pedraza, la entrevista de Informe Semanal, y, cómo no, un pase de Los santos inocentes. Me parece justo: es lo menos que espero de la nueva TVE, liberada de cargas, cargada, si hubiera suerte, de cultura. Que sea siempre: no sólo cuando muere uno de los grandes.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira