Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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MUCHOS pensadores y filósofos han defendido la mentira política si se profería en beneficio del ciudadano; de un ciudadano, habría que añadir, considerado menor de edad, incapaz de pensar con libertad por si mismo, porque hoy, esta teoría resultaría indefendible. La mentira absoluta –expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa– es una recriminación frecuente a la clase política: incumplimiento de compromisos electorales, objetivos irrealizables, doble vida, ocultación de hechos, tergiversación de argumentos...
Mención aparte merecen los eufemismos: mentiras sutiles, arteras, sibilinas, disfrazadas de verdad, que constituyen una manifestación más perversa y peligrosa que la mentira absoluta, pues disfrazan la realidad.
Otra forma de mentira, muy frecuente entre los políticos, consiste en el uso de vocablos que tienen un significado concreto, pero que utilizan sabiendo que no es compartido por sus adversarios: patria, nación, nacionalidad, castellano-español, estado español, concebido pero no nacido-ser humano, etc. La ambigüedad consciente, calculada, es una manifestación pérfida de la mentira, que permite a quien la utiliza defender lo que dijo y lo contrario.
La asechanza o insidia –engaño o artificio para hacer daño a alguien–: he aquí una forma taimada de la mentira, consistente en la manipulación de la verdad, para presentarla de forma sesgada e interesada en favor de quien la profiere: omisión de datos, informaciones parciales, expresiones fuera del contexto en que fueron realizadas,...
Para que la mentira surta el efecto pretendido es preciso difundirla entre el mayor número posible de personas, en el momento oportuno, de forma ágil e insistente y, el colmo, anónimamente, para garantizar la impunidad y el desconcierto. Herramientas útiles al servicio de la impunidad son correos electrónicos, foros de opinión, mensajes telefónicos, me han dicho, etcétera.
Karl Kraus afirmaba: "Donde quiera que veas que la corrupción del lenguaje produce agrado, ten la seguridad de que allí también las costumbres se han apartado de la rectitud".
Hagamos el ejercicio de analizar los mensajes políticos para tratar de determinar si contienen alguna de estas manifestaciones de la mentira. A mí, este comentario, me lo ha sugerido la frase, reiteradamente pronunciada por sus adversarios durante la celebración del Congreso Extraordinario del PSOE: "necesitamos un PSOE fuerte que haga una oposición fuerte".
Naturalmente, los políticos no son los únicos que mienten.
Notario

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