Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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El sistema que la Biblia establece es que el leproso sea conducido ante el sa-cerdote, quien lo declarará impuro. Como consecuencia, el afectado por la enfermedad andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando que es impuro, para que nadie se le acerque, hasta que se constate su curación. Jesús acoge a un leproso que se le acerca, le toca y ordena a la enfermedad que le deje, de modo que se vuelva limpio del mal; después, ordena al curado guardar silencio, y le manda presentarse al sacerdote y entregar el donativo que Moisés había prescrito. A pesar de ello, el leproso curado comenzó a propagar por todas partes lo que Jesús había hecho, de modo que todos le buscaban, conscientes de que Jesús era el Mesías esperado.
San Pablo, en la 2ª lectura de la Misa de hoy, dice a los corintios que siempre deben hacer todo para gloria de Dios. Han de evitar antes de nada el ser causa de tropiezo para los que observan su conducta, pues el mal ejemplo causa muchos males a quien lo percibe. Por ello, en cualquier momento deben imitar el comportamiento de Cristo y el de Pablo. Como el Apóstol, han de intentar satisfacerles, pero no diciendo lo que a ellos les agrada, sino procurando el bien de todos ellos.
(*) El autor es canónigo lectoral

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