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JOSÉ LUIS BOUZA ÁLVAREZ

EL ANÁLISIS

Invictus

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4.0/5 [4 Voto/s]

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Invictus, la última película de Clint Eastwood, está dedicada a la Nelson Mandela y se centra en la sensatez de una política nacional construida al margen del sectarismo y de toda idea vindicativa por un líder que impulsó la reconciliación para desconcierto de sus enemigos e irritación del sector revanchista de su partido. El juego esforzado del rugby sirve de pretexto para esta metáfora sobre el buen gobierno (personal, colectivo) de un dirigente negro que pasó buena parte de su vida en prisión. Readmitida en la competición tras el fin del apartheid, la selección sudafricana gana la copa del mundo en 1995 en su regreso. Para Eastwood el triunfo en el campeonato mundial es el resultado de la convergencia de esfuerzos entre enemigos irreconciliables.

Al igual que ocurre en Match Point de Allen, construída en torno al tenis, el azar y destino desempeñan un papel en su filosofía última y la cinta de Eastwood se cierra reiterando dos lemas que presidirían el esfuerzo liberador de Mandela: I master my destiny. I'm the captain of my soul (domino mi destino, soy el capitán de mi alma). Si Allen hablaba del poder del azar en la vida, Eastwood reitera el poder del esfuerzo personal. No hay contradicción entre ellos. Los anglosajones tienen dos palabras para el destino: destiny y fate. Allen trata del fate, Eastwood del destiny. Fate es el destino dependiente del azar, la fatalidad diríamos en castellano, en tanto destiny es lo que hacemos con el azar, lo que depende de nuestra actitud, que decide el destino del individuo ante sí mismo y los demás sea cual haya sido su suerte. El propio diccionario Webster de la lengua dice del fate que es "destiny depending on a superior cause and uncontrollable", es decir, el destino sujeto al azar (a la "voluntad de Dios", se diría en países católicos) que escapa por completo a nuestro control.

En estos tiempos difíciles es bueno recordar que si el azar pesa sobre nuestras vidas, como decía Allen, no es menos cierto, como dice Eastwood, que nuestro destino final bajo cualquier suerte depende de nosotros. Conocí hombres y mujeres del viejo PC que sufrieron años de cárcel y tuvieron esa noble actitud estoica y conciliadora de Mandela. Zapatero, algunas feministas, etc, deberían aprender de esta política que, aún cuando no pudo resolver en unos años la pobreza de décadas convirtió a Sudáfrica en un país distinto de su conflictivo entorno.

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