Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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EL MITO se va agrandando y Steve Jobs terminará siendo adorado en algún altar de la tecnología. En realidad ya está en ese altar, habiendo muerto joven, como dicen que mueren aquellos a los que aman los dioses. Jobs es noticia de nuevo porque fue investigado por el FBI cuando le propusieron trabajar en la Casa Blanca, y, ahora, una vez muerto, se han revelado los informes. Toda esa literatura detectivesca y policial, como pasa con los dosieres de la censura o con cualquier papel secreto de cualquier estado, es siempre un objeto de deseo. Lo que el sistema sabía de sus ciudadanos más famosos se ha convertido en material para grandes documentales, de Marilyn a Hoover, cuya biografía, retratada espléndidamente por Clint Eastwood, acaba de pasar por los cines o aún está en ellos (verla me parece casi obligatorio). Esos papeles mecanografíados, tan vintage, como se dice ahora, contienen las tripas de cada época y, sobre todo, contienen algo preocupante: el relato de la vigilancia permanente sobre los que pudieran resultar peligrosos para los intereses del sistema, por su inteligencia, por sus contactos, o por sus hábitos. Jobs fue reconocido por los investigadores como un tipo inteligente, pero quizás demasiado. Ese era el problema. No lo juzgaron capaz de trabajar para el gobierno, porque les parecía, dicen los informes, manipulador y potencialmente mentiroso. Tiene gracia escuchar todo eso hoy: “Distorsiona la realidad para conseguir sus objetivos”. No resulta una frase muy extraña en el mundo en que vivimos. Para el cine o la televisión, personajes como Steve Jobs son una mina. Como lo era Hoover, al frente del FBI. Clint consigue retratar el lado enigmático de un hombre tan poderoso, y parece que eso es lo que veremos con Jobs . Hay un morboso placer en desmontar al mito. Un morboso placer en poner en cuestión las biografías oficiales.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira