Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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PARA EMPEZAR, a los que echo verdaderamente de menos es a los nuestros. A nuestros guiñoles. Que vuelvan, si puede ser. Pero parece que no puede, porque costaban una pasta, o algo así. Los guiñoles del Plus eran una celebración del humor inteligente, aunque el humor, si es verdaderamente bueno, siempre es inteligente. Vendrían muy bien con la que está cayendo. Sucede que se ha liado parda, más o menos, porque los guiñoles franceses, que aún gozan de buena salud, han hecho caricatura y mucha broma con el deporte patrio: no el suyo, sino el nuestro. Han insinuado cosas, y en este plan. La cosa vino a rebufo de la sentencia sobre dopaje a Alberto Contador, porque ya se sabe que los franceses siempre sacan músculo con el Tour. Los guiñoles franceses han compuesto varias bromas que tal vez sean de mal gusto, no digo que no, en las que incluían a Nadal, Casillas y por ahí, o sea, generalizando el asunto de las insinuaciones, etcétera. Y hemos respondido creo que incluso desde las altas instancias, o eso leo. Vamos que se han pedido explicaciones. Comprendo que la cosa molesta, pero en esto del humor, más vale no entrar mucho al trapo. La sátira puede ser más gruesa o más sutil, más justa o más injusta, pero es cierto que así son esos guiñoles. Y, mutatis mutandis, así eran los nuestros. La caricatura tiene estas cosas, y no es por justificar. Hay miles de ejemplos de cáustica y acerba crítica, de exageraciones obvias, porque la sátira, como la caricatura, es exageración. Los franceses, por cierto, han tenido y tienen una prensa satírica extraordinaria de la que no se libran los franceses propiamente dichos, sino que son su objeto preferente. Y luego sí, está el chauvinismo, y todo eso. Aunque los éxitos deportivos nos curan muchas heridas cotidianas, conviene no caer en lo mismo.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira