Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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La amistad con D. Manuel fue muy espiritual y honda. Seguramente fue el sacerdote a quien Fraga más amó. Cuando su esposa estaba ya muy próxima a la muerte, D. Atilano, ya jubilado desde hacía muchos años, vino desde Bretoña a la casa de Os Roxos, donde celebró la misa y administró los sacramentos a Carmen Estévez, que permanecía en pie, elegante hasta el final.
El periplo sacerdotal de D. Atilano fue muy rápido y variado tras el paso por Villalba: director espiritual del Seminario Menor; párroco, inconcebiblemente, de la remotísima parroquia de Vilacampa; director espiritual del Seminario Mayor con la aceptación admirada de los alumnos que lo teníamos por el mejor de nuestros formadores.
El obispo D. Fernando Quiroga lo hizo canónigo a los 29 años, después de brillante oposición. Pero él soñaba con ser capellán de la Armada, obteniendo el número 1 en las oposiciones. El escalafón estaba prácticamente en blanco, así que llegó a coronel prontísimo. Siguió estudiando siempre, dominando a la perfección cinco idiomas. Pero su tema preferencial era la espiritualidad, centrándose especialmente en Fray Luis de Granada. Sus obras fueron su pasto en los largos años de retiro, siempre, y desde joven, desengañado del mundo "prometedor falso, engañador cierto, amigo fingido y enemigo verdadero", como solía repetir de memoria con clara visión de eternidad.
El autor es deán de la Catedral de Santiago

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira