Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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Me parece una aberración esta programación. La intensidad tremenda de las últimas semanas, en los dos caminos hacia la final, nos demuestra que si la Copa tiene continuidad y los clubes se la toman en serio es un torneo apasionante. Pero, en fin, esperemos que cuando los dos finalistas lleguen a la segunda mitad del mes de mayo lo hagan con sus plantillas al completo y en perfecto estado de revista. Sólo así tendremos una final de Copa como Dios manda, a la altura de las eliminatorias.
Mientras esto pasaba, pasaba también lo de Contador, que me lleva a pensar algo que estoy descubriendo en estos últimos años: el mundo de la aplicación de la justicia tiene caminos inescrutables para los profanos; el sentido común en el mundo de la justicia es un sentido común muy elaborado después de siglos y tropieza a veces con el sentido común del profano. Por eso, cuando pasa lo de Contador, uno aplica su sentido común y se indigna; pero si tiene presente el otro sentido común la cosa se complica y la memoria de aquel Tour y de aquel Giro se esconden tras una niebla agridulce.
Y mientras estas dos cosas anteriores pasaban, un periódico madrileño dedicaba una reportaje a legendarios "leñeros" del fútbol hispano: Gallego, Benito, Fernández el del Granada (¡esconded a los niños!), Panadero Díaz... Al leerlo se iba dibujando una sonrisa en nuestros labios, recordando el"odio" que suscitaban cada vez que uno de estos repartidores de "agarijmos" se enfrentaba al equipo de nuestros amores.
En la página siguiente del mismo periódico, José Luis Garci decía que el fútbol es pura melancolía para el aficionado veterano, porque lo lleva a la infancia, donde todo comienza. Dicho así por un forofo reconocido de John Ford es como si lo dijera el Papa de Roma, salvando las distancias.
De manera que la semana se nos ha ido en dulces recuerdos de cuando la Copa era aguerrida y sin tregua; de cuando el ciclismo era aguerrido y casi homérico; de cuando los "leñeros" eran aguerridos y temibles. Lo cual no quiere decir que cualquier tiempo pasado fuera mejor; yo creo que era aguerrido, pero era más inocente. Nuestra melancolia se hace más aguerrida con estas cosas.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira