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Jueves 24.05.2012  | Actualizado 18.39      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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XOÁN SALGADO DEFENSOR DEL LECTOR DE EL CORREO GALLEGO

EL DEFENSOR DEL LECTOR

"Es que yo no leo los periódicos..."

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Cada vez es más frecuente escuchar la categórica afirmación "es que yo no leo los periódicos" como justificación de una ignorancia circunstancial o buscada a propósito de cualquier noticia de actualidad aparecida en los medios de comunicación.

La pobreza intelectual que refleja tal comportamiento no está en no haber consultado el periódico del día, que cada cual es muy dueño de decidir cuándo y por qué medios desea conectarse con el mundo que habita -sean diarios impresos, otros medios de comunicación o asambleas vecinales, de comunidad o de la peña, si preciso fuera-, sino en el grado de autosuficiencia con que muchos ciudadanos prescinden de aquellos instrumentos que nos aproximan a una realidad social en la que conocer cuanto sucede en nuestro entorno nos atañe de lleno y es, además, capital para tener un más certero criterio a la hora de tomar decisiones.

Lamentable o no, son, en todo caso, las consecuencias de un estado de cosas dominante en el que la vieja escala de valores que se tenían como clásicos e irrefutables han dado paso a otros cuya bondad aún está por demostrarse pero que se santifican como santo advenimiento de un nuevo orden. Dicen que progresista y respetuoso de la individualidad. Es el que desprecia el esfuerzo para llegar al éxito, ningunea el valor de la disciplina como medio de superación, el que premia el insulto antes que el razonamiento, el que no respeta al discrepante y no concibe otro criterio de razón que el de su propio e indocumentado convencimiento, ignorando la historia del conocimiento a lo largo de siglos -nunca como ahora los que la tradición nos señala como doctos y sabios tuvieron menor predicamento social-. Sin embargo, a los efectos de este comentario, importa más otro grupo de ciudadanos que cada vez en mayor y preocupante medida también se alejan de los periódicos pese a haber sido fieles seguidores suyos. Porque ese es justamente el problema que debe preocupar a cuantos hacen de este oficio de escribir una profesión digna y respetable.

Periódicos cada vez más encasillados en familias políticas o clústeres económicos que no disimulan sus intereses ni en la selección ni en el tratamiento de las informaciones, conformismo adocenado en la ausencia de investigación sobre lo que se comunica, ocultación o manipulación de datos que se van haciendo públicos con el único propósito de configurar una realidad que se imponga al libre albedrío del lector -el tratamiento de los múltiples sumarios judiciales por causas devenidas de la política debía ser asignatura obligada en una imprescindible cátedra de deontología periodística-, hurto deliberado del necesario contraste de aquello sobre lo que se informa, profesionales de la información convertidos en ideólogos y apologetas de posturas cuando menos controvertibles, confesiones de parte públicas y publicitadas sobre malas prácticas profesionales en la búsqueda de la información, de todo ello está más que florido el panorama periodístico español, propiciando ese creciente desapego del lector que, hastiado de una situación que no comparte, busca acomodo en otros medios, caso de Internet, donde el rigor y la praxis profesional muestran más debilidades que las de la prensa escrita, con ser ahora mismo preocupantes.

Pese al relatorio de situaciones enunciado líneas atrás, quien esto firma se niega a compartir el diagnóstico de un colega americano, Joe Bageant, que en su último libro de Crónicas de la América profunda concluye que "somos sonámbulos que caminamos bajo los escombros de la democracia". Ello no empece para que, como se señala, se hayan encendido las luces de alarma en el ejercicio de una profesión que va pareja en descrédito y desestima social a la de las más deleznables prácticas políticas. No estrañe pues que, no andado mucho tiempo, seamos los propios pediodistas los que sentenciemos, de modo tan categórico como crítico, "es que yo tampoco leo los periódicos".

Influencia de la seriedad mantenida

En las redacciones de los periódicos sabemos, por experiencia antes que por ciencia, lo difícil que resulta lograr la fidelidad de nuevos lectores y lo fácil que es perder alguno de ellos, a veces por nimiedades que causarían risa pero que el lector eleva a la categoría de paradigmáticas.

Los periódicos se asientan, para su pervivencia a lo largo del tiempo, en los valores del rigor, la calidad, la credibilidad y el trabajo bien hecho, cóctel que da como resultado último el valor de la influencia, que es el que propicia la complicidad del lector a la hora de acercarse a aquel medio que se la infunde en mayor grado. Dicho de otro modo, la influencia no es más que la seriedad mantenida en el tiempo. Y esa perseverancia es la que en definitiva propiciará la perdurabilidad de los medios escritos frente a otras opciones. Siempre que se ejercite, claro.

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