Jueves 24.05.2012
| Actualizado 18.39
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Desde los más remotos tiempos, nuestros antepasados preveían la vejez, y desde que formaban una familia comenzaba su plan de jubilación, que consistía en el ahorro y en tener muchos hijos. Estos hijos, con su trabajo, ampliaban el patrimonio familiar y llegado el momento en que los padres no podían valerse por sí mismos eran ellos los encargados del sostenimiento de los progenitores. Lo expuesto, la sabiduría popular lo resumió en dos refranes: "Los hijos traen un pan bajo el brazo" y "El que tuvo y retuvo, guardó para la vejez".
Llegamos a la España actual y vemos como la previsión de nuestros gobiernos se ha limitado, como mucho, a cuatro años vista, y por ello se han dedicado y dedican al despilfarro, siempre en aras de comprar votos sin prever que las arañas podrían anidar en las cajas estatales y más concretamente en la caja de las pensiones. Esta ruinosa situación nos ha despertado de nuestra candorosa confianza y vemos que no hemos ahorrado nada y tampoco hemos tenido los suficientes hijos; y los pocos hijos habidos los hemos educado en el más absoluto hedonismo. Triste vejez nos espera.

El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado
Estas son las carreteras que tenemos
Una placa muy desfasada en Ribeira