Jueves 18.03.2010
| Actualizado 20.15
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Después de oír la sarta de majaderías que los colectivos partidarios de la imposición del gallego han proferido a propósito del borrador del decreto del Sr. Feijóo y compañía, lo que más perpleja me ha dejado han sido las declaraciones de aquellos que afirman que "los padres no tienen que decidir la lengua vehicular de la enseñanza". ¡Lo que me temía!, los padres traemos a nuestros hijos al mundo, no para educarles y hacerles personas de provecho, sino para que los políticos nos los "recojan", los metan en la lavadora escolar y nos devuelvan unos nacionalistas hechos y derechos.
Los políticos nos permiten alimentar y vestir a nuestros hijos, pero nada más. Los niños son ciudadanos a los que los gobernantes corresponde manipular convenientemente para provecho propio y fines estrictamente políticos. Los impositores han lanzado un órdago a las familias: "Los padres no tienen ningún derecho a educar a sus hijos, ¡hasta ahí podíamos llegar!".
Lo más repugnante de todo este asunto es el juego sucio de la manipulación de los menores con fines políticos. En todas estas declaraciones y discusiones, lo que se ha puesto de relieve es que a estos sujetos lo único que les importa es la "conservación da lingua", ni la libertad de los padres, ni los derechos de los niños, ni la adquisición de conocimientos, ni el apredizaje, ni la educación de los alumnos, ni hacer de ellos unas personas de provecho.
Sólo importa el gallego. Los individuos de la RAG, la CIG y la Mesa ya sabíamos cómo son y no han defraudado; pero el señor del PP, cautivo sin remisión del galleguismo más rancio, creíamos que era un poco más coherente. La verdad.
Nevera enchufada a xestas
Basura acumulada en Arzúa
Cabina inútil en A Estrada
Tender ropa en plena calle