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| ‘Happy hour’ céltico: cigarritos, cervecitas y mochilita al hombro FOTO: Kiko Delgado |
Como diría Robert Smith-Celebrity en Muchachada Nuí: "En mis conciertos nadie pide bises, duran más de tres horas... ¡y cada mochuelo a su hoyuelo!". Los supervivientes de las macroactuaciones de The Cure, donde solo falta que nos arrojen comida desde un helicóptero, lo sabemos. Por eso la felicidad se encuentra en Ortigueira: donde puedes desarrollar una vida paralela de espaldas al palco, sin ofender al artista.
Imprescindible: el kit del festivalero. Pañuelito pirata o sombrero cowboy, un buen zurrón-pastor con chips o Panteras Rosas, las bambas más viejas del armario y toques carnavalescos. Vamos, que lo que no te pones ni loca para trabajar aquí da el pego. Atención a las imágenes de la derecha. Desde la chica emuladora del Muñeco Diabólico, seguidora de Sid Vicious y con la Nancy destrozada y satanizada. A la flapper siglo XXI: flequillo Cleopatra, carne al aire... y lo más importante, la cervecita agarrada para que no se escape. Y no se olviden de la pandilla hawaiana-rural: aquella que une nuestros sombreros de paja de la siega gallega con las camisas Coconut en tonos comestibles.
Pero como esto va de música, aún quedan bailes que perpetrar esta noche. No se pierdan a los míticos The Dubliners y entonen su Whiskey in the Jar: odisea etílica de un bandolero traicionado por su novia Molly. Una historia reversionada por Metallica o Belle & Sebastian. Y que le podría ocurrir a alquien como usted.
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| Linho do Cuco con ambiente de bombo flauta y acordeón FOTO: M.C. |
Después de la consagrada cita de Ortigueira surgieron citas folk en muchos rincones del mapa festivo galaico. Unos desaparecieron, otros fueron evolucionando e introdujeron nuevos estilos. Y otros van a más sin perder sus orígenes, como en el caso de Callobre.
La cita con el folk de raíz de esta parroquia de A Estrada acaba de cumplir nueve años. Después del chaparrón de 2007, que obligó a suspender los conciertos, había aún más ganas. Cientos de personas estrenaron el viernes una celebración que supo estar a la altura, con una dura competencia en los alrededores. El folk resistió ante el envite del Cultura Quente de Caldas, y otras citas que llenan estos días la agenda festiva a golpe de julio.
El grupo Retrouso, de la vecina parroquia de Ouzande, demostró que le queda un largo camino por delante. Los de Alvariza, de Santiago, siguieron animando el ambiente, que llegaba a su punto álgido con la aparición en escena de un grupo que también jugaba en casa y que se ha ganado el reconocimiento de público y crítica. Linho do Cuco volvía a dar lo mejor de sí en Callobre, donde por fortuna no hicieron falta los paraguas que vendía la organización (este año además había carpa), y donde el público se resistía a agotar la velada. Más de uno echó de menos a Pé de Boi, que se cayó a última hora del cartel. Los puestos de artesanía, la zona de acampada, con alguna que otra tienda, y los puestos de pulpo, compartieron el festival de Callobre, que ayer se despedía con otra buena ración de folk. Los anfitriones de Regato de Matamulleres, un clásico del género, como Serralhe-aí, y el grupo vasco Brigantya, que no dudó en volver a Callobre tras el fallido intento del pasado año, volvían, como dice el lema del festival, a mojar la palleta. En fin, para repetir. M. Conde
