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- Jay Rosenblatt, a medio camino entre el found footage y el experimental, ha conseguido numerosos premios en festivales como Sundance. La retrospectiva de 9 piezas que le dedica el festival permite conocer un autor de mirada única, tan conciso como evocador.
- Depardon llega a la ciudad pontevedresa después de fundar la comprometida agencia Gamma, haberse erigido como uno de los más grandes fotógrafos de la Magnum, y contar en su trayectoria con filmes tan imprescindibles como San Clemente o Faits divers, que se podrán ver en Tui.
El miércoles 17 de marzo (y hasta el 21 del mismo mes) arranca un Play-Doc 2010 fiel a su identidad. La ciudad pontevedresa de Tui acoge un total de 31 filmes documentales divididos en las categorías ya clásicas de largometrajes, cortometrajes y trabajos hechos en Galicia.
En un afán multidisciplinar, esta edición introduce dos exposiciones de pintura y escultura de los gallegos Antón Lamazares y Manolo Paz, y continúa con los conciertos de años pasados, con la presencia en esta ocasión de The Spito Band y Batida.
Asimismo, interesado en dar a conocer grandes autores inéditos o desatendidos en nuestras fronteras, trae a Jay Rosenblatt y Raymond Depardon, dos de las personalidades más singulares del documental contemporáneo.
Jay Rosenblatt
ROSENBLATT Y EL COLLAGE COMO FORMA DE VIDA
El neoyorquino Jay Rosenblatt lleva desde 1980 trabajando en collage films, un conjunto de piezas que tienen en común el ensamblaje de imágenes que encuentra en bibliotecas, que saca de filmes antiguos libres de derechos o que compra o rescata de donde mejor puede.
Este celuloide, comunmente conocido como found footage, le sirve al cineasta para comunicar sus inquietudes con un estilo de montaje personal y rupturista, heredero directo del cine-ensayo de Jean-Luc Godard y Chris Marker, que escapa de los estándares de duración y representación del cine comercial norteamericano, siendo arriesgado en sus propuestas incluso para los circuitos de arte y ensayo.
Su forma puede recordar también la de colegas que se mueven en su misma onda, como Craig Baldwin, maestro en lo de convertir detrito fílmico de todo tipo en ficciones plausibles, esquivando los derechos de autor sin dejarse la cartera en el intento, como quedó demostrado en Mock Up on Mu (2008) o Sonic Outlaws (1995), aunque el estilo de Rosenblatt sea menos punk y más poético, más literario.
Desde The Smell of Burning Ants (1994), el film más antiguo de los que se presentan en la retrospectiva de 9 cintas que le dedica este año Play-Doc, Rosenblatt deja claras unas constantes formales y temáticas que marcarán toda su trayectoria. En esta película, una de las más largas de su carrera (21 minutos, cuando muchas de sus piezas están frenéticamente montadas en 60 segundos), el norteamericano articula un discurso crítico contra la educación machista de la sociedad occidental. Como si de un antropólogo que observa su entorno se tratase, y no exento de una importante carga irónica, Rosenblatt monta imágenes tipo del american way of life para desgranar los ritos sociales que llevan al macho a desconectar de su lado femenino.
De represión va también, pero de otra muy distinta, Human Remains (1998). En ella, Rosenblatt desentierra a los cinco dictadores más relevantes del siglo XX mediante imágenes de archivo y los hace hablar en su lengua natal a través de actores que leen un texto en voz en off. El espectador asiste así, en este divertido falso documental, a una parodia grotesca de Adolf Hitler, Benito Mussolini, Josef Stalin, Francisco Franco y Mao Zedong. Voces inglesas hablan por encima de las originales, cortando lo que dicen los verdaderos protagonistas, como si el autor quisiera mofarse de esos documentales televisivos con alergia al subtitulado (aunque puede que sea sólo una técnica para tapar una clara pantomima, quién sabe).
La broma en clave de reescritura histórica sobre la figura de Hitler actúa aquí en sentido opuesto al de Ernst Lubitsch en Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942), al de El gran dictador de Chaplin (The Great Dictador, 1940) o incluso al de tan de moda Quentin Tarantino en su Inglorious Basterds (2009). Y si se quieren ejemplos ibéricos, ahí está Madregilda
(Francisco Regueiro, 1993), entre tantos otros filmes que recuerdan a Francisco Franco en su registro más cómico.
Mientras que estas películas representan una versión alternativa de los tiranos, Rosenblatt roba en Human Remains sus momentos más íntimos para construir una pieza que funciona como parodia del terror y, al tiempo, construye una venganza-collage al más puro estilo John Heartfield, tomando noticieros que bien podría haber rodado Leni Riefenstahl para denunciar lo que la cineasta nazi ensalzaba.
La publicidad será su aliada en la no menos política I Just Wanted to Be Somebody (2006), que relata el ascenso y caída de la modelo Anita Bryant como icono del movimiento en contra de los derechos de los homosexuales a finales de los setenta en los EE.UU. Parte de este documental está recogido en la película de Gus Van Sant MILK (2008), un biopic sobre uno de los grandes enemigos de esta mujer, Harvey Milk, notable dirigente político de la causa gay en San Francisco asesinado años más tarde.
LO BUENO, MEJOR BREVE
Distintos temas trata Rosenblatt en las breves Afraid So (2006), Nine Lives (2001), Worm (2001), Restricted (1999) y Friend Good (2003). Con un marcado tono poético, se muestra interesado sobre todo en la muerte en un sentido amplio, ahondando en los sentimientos que causa la partida de un ser amado.
Es éste el esquema de Nine Lives, en el que un gato repasa sus anteriores vidas antes de morir; es ésta la atmósfera que se siente al contemplar las melancólicas imágenes de Friend Good, acertada disertación sobre el monstruo Frankenstein de Mary Shelley con extractos de la obra literaria seleccionados por el director; y es este nihilismo, la certeza de que todo muere, lo que empapa Afraid So, adaptación libre de un poema de Jeanne Marie Beaumont.
En un registro más personal, Rosenblatt introduce imágenes de vídeos familiares en Phantom Limb (2005), una propuesta que repasa las diferentes etapas por las que pasa una persona tras la muerte de un ser querido. Haciendo referencia a ese “miembro fantasma” con el que designan los anglófonos una extremidad perdida que dan ganas de rascar, como si se mantuviera unida al cuerpo, el neoyorquino desarrolla una metáfora de la presencia constante del espíritu del fallecido.
Para llegar aquí, introduce (cosa rara en su filmografía) entrevistas hechas en vídeo a un discapacitado y a un enterrador, mezclando el 16 mm. con el digital. Se enriquece así un ensayo denso y durísimo hecho de manera catártica, y que marca su última etapa, en la que él también graba la vida diaria con su familia.
El año pasado presentó en Play-Doc a concurso Beginning Filmmaking (2008), en la que introducía a su hija en el arte de filmar al regalarle una pequeña cámara en su tercer aniversario. Ahora, y fuera de la retrospectiva, opta también al premio con The Darkness of Day
(2009), su último trabajo, que resulta ser un abanico filmado de las diferentes formas de suicidio y de las bases psicológicas que sustentan tal decisión.
Completan su trayectoria un total de 25 trabajos que han sido, primero, subvencionados por fundaciones como la Guggenheim o la Rockefeller, y después proyectados y premiados en festivales de todo el mundo, como el de Sundance. En España su figura es relativamente poco conocida, aunque ha estado presente en San Sebastián o en el Centre de Cultura Contemporania de Barcelona, por lo que esta edición de Play-Doc supone una oportunidad única para acercarse a su trabajo.
Licenciado en Psicología (y doctorado summa cum laude por la S.U.N.Y. de Buffalo) y máster en cine por la San Francisco State University, combina su producción artística dando clases en el San Francisco Art Institute e impartiendo conferencias por todo el mundo.
DEPARDON, DE LA FOTOGRAFÍA AL CINE
El cineasta y fotógrafo francés Raymond Depardon es uno de los autores de documentales más reconocidos del siglo XX. Comenzó tomando instantáneas para la agencia Dalma en la guerra de Argelia y en Vietnam. Fundaría seis años más tarde la suya propia, Gamma. Sería poco después uno de los máximos representantes de Magnum, empresa referente en el mundo del fotoperiodismo. Su compromiso con la realidad, y la creencia de que la mirada es siempre subjetiva (idea que toma de su compatriota Henri Cartier-Bresson) lo llevaron a realizar punzantes reportajes al estilo de Walker Evans o Robert Frank.
Con estos parámetros debuta en el cine en 1969, realizando un cortometraje sobre Jan Pallach, el famoso estudiante checo que murió a manos de los militares soviéticos en la primavera de Praga. Se lanza al largo en 1974 con 50,81%, donde seguía al líder conservador Valery Giscard d’Estaing en las presidenciales de ese año, cuando ganó por el porcentaje de voto indicado en el título. El político intentaría censurar el filme, pero con su actitud no haría más que elevarlo a la categoría de clásico underground en Francia.
Desde esos primeros trabajos, ha realizado ya cerca de 40 películas. Ante la imposibilidad de proyectarlas todas, Play-Doc realiza una antología de las más representativas. Una de las primeras en el tiempo es Faits divers (1982), un ejemplo perfecto de la capacidad de Depardon para mostrar lo cotidiano en un universo encapsulado, tratándose esta vez de la comisaría del distrito 5 de París, donde circulan ante las cámaras policías realizando trabajos rutinarios y anodinos o, por el contrario, movilizándose por sucesos (título del film) trágicos.
Hace falta destacar que Depardon se separa claramente del journal televisé para interiorizar un registro main courant, como le gusta a él decir, que sigue a los protagonistas sin realizarles una pregunta y sin voz en off alguna. No es sencillamente su pretensión filmar la realidad tal y como es, no busca un distanciamiento objetivo en pro de la verdad, sino que sitúa la cámara entre sus personajes y el espectador para dejar constancia de su ejercicio, de su presencia, que transforma todo el proceso.
Así, los policías o la gente que se para en las calles movida por lo que comunmente se da en llamar morbo, miran a cámara directamente en diferentes ocasiones, y el cineasta francés, en vez de eliminar estos fragmentos en la sala de montaje, como haría un Frederick Wiseman en la búsqueda de un puro cinéma direct, los mantiene para mostrar también al espectador el proceso de construcción del filme.
Ante el glamour de una ciudad idealizada en los mass media, Depardon muestra las entrañas de una urbe que devora a sus habitantes más desfavorecidos. Hay mucha sonrisa amarga en Faits divers por los momentos ridículos y surrealistas que surgen de discursos como el de un hombre que se queja de que siempre le roben la cartera cuando la guarda bien en el bolsillo; y la insistencia que muestra en la imposibilidad de que le esté pasando eso a él, que es tan meticulosamente cuidadoso, tiene algo de tragicómico.
Más duros son momentos como el de una mujer a la que encuentran muerta en un apartamento. Unas sábanas cubren su cuerpo en una estampa de desolación que choca con un cuadro de la torre Eiffel y otro impresionista de una pareja abrazándose colgados en la pared. El París oficial contra lo verdadero, las imágenes televisivas contra las del cine, porque “cuando marchan las cámaras del telediario, llega el cineasta” (Sergio Wolf dixit).
Raymond Depardon
IMPACTANTE TRÍPTICO DE LA LOCURA
Continúa la retrospectiva con tres piezas inseparables: San Clemente (1982), Urgences (1987) y Contacts (1990). La primera puede que sea la obra maestra de Depardon. En ella, se introduce en un manicomio italiano que tiene por nombre el propio título de la película. En palabras de Martí Freixas, la intención del cineasta es retratar a “un grupo de personas que requieren una atención especial” y que “son tratadas de forma marginal y a veces infrahumana por parte del estado”.
Pero el miembro de la agencia Magnum logra ir más allá de esta premisa para plasmar el día a día de unas personas que participan totalmente del acto creativo, haciendo contribuciones tan interesantes cómo decirle a Depardon a cámara “¡Busca un trabajo honesto!” o “¡Sácame una foto, idiota!”, o simplemente saludarlo como si fuese uno más dentro de la institución.
El cineasta sigue todo acto que allí le llame la atención, reencuadrando cuando hace falta en el mismo plano o mostrando si debe el micro y fulminando así la idea de la objetividad del cinéma verité, como hace también en Faits divers.
Este estilo tan eléctrico entra en contraposición con el último Depardon, que muestra una puesta en escena mucho más trabajada y estática, donde el interés está más en lo que se
dice y en cómo se articula. De esta manera, Urgences y San Clemente se erigen como cara y cruz de una misma moneda.
Además de esta apuesta estética, que diferencia a su vez blanco y negro contra color, lo más apasionante de Urgences está en la capacidad de volver atractivo un filme sin acción, donde sencillos planos de médico encarado a paciente logran trazar una evolución/involución de los retratados.
Todo transcurre en un hospital de urgencias psiquiátricas en París, donde Depardon sigue a diversos individuos, cada uno con su cuadro clínico. La propuesta exige una atención especial por parte del espectador, que asiste a encuentros médicos muy íntimos entre doctor y enfermo. Esto se contrapone con la soledad del paciente cuando queda acompañado en la sala donde se llevan a cabo las consultas por el cineasta y su sonorista, Claudine Nougaret, pues los médicos deben ausentarse en determinados momentos de la entrevista.
Las situaciones que se generan de todo esto dan algunos de los momentos más memorables del filme, como cuando un enfermo un tanto violento demanda a Depardon que deje de grabar y éste le responde “¿por qué, me quieres preguntar algo?” Un silencio sepulcral inunda la estancia, y el paciente entra en un estado de profunda reflexión.
Frente a estos filmes, se encuentra uno que los complementa. Contacts presenta las fotografías tomadas por el autor en el rodaje de San Clemente. Se pregunta así cómo escoger la instantánea correcta, a lo que las palabras de Serge Daney podrían contribuir cuando dice refiriéndose a Délits flagrants (1994): “Depardon, fotógrafo y cineasta, ha franqueado el paso y encuentra de pronto la buena distancia entre la fotografía y el cine. Su inteligencia consistió en filmar lo contrario de lo que fotografía. Fotografiaba individuos, filmará instituciones”.
Completa la retrospectiva New York, N.Y. (1986), un cortometraje también con voz en off reflexiva en el que el cineasta habla sobre la imposibilidad de captar la realidad de Nueva York en imágenes a través de varias secuencias captadas por él durante durante dos meses.
La llamada Sección Informativa, es decir, la que incluye los filmes que no compiten por ningún premio (el caso de las retrospectivas de Rosenblatt y Depardon), se completa con la presentación del portal web La Blogothèque y de dos documentales que van acompañados de los conciertos de Batida y The Spinto Band.
En su afán de descubrir alternativas a los productos de los mass media, Play-Doc se fija en esta edición en un proyecto que nació en Internet en el año 2004, La Blogothèque, y que ha ido obteniendo un éxito gradualmente mayor con el tiempo en el mundo de la escena musical independiente.
Su éxito está en contemplar la web de una manera bien distinta a lo que el internauta puede encontrar en otras páginas. Primero, porque diferencian bien un weblog de un webzine y conciben una perfecta simbiosis entre ambos. Dicen correctamente que su proyecto forma
parte de la primera categoría porque privilegia el punto de vista del escritor y el contraste de éste con comentarios de los lectores por encima de una perspectiva periodística, con artículos basados en técnicas propias de un periódico.
La filosofía es simple. “Música y compartir son dos palabras que van muy bien juntas”, dicen en su carta de presentación, entendiendo este partage en su sentido más amplio. Es decir, no se trata de una comunidad que intercambie archivos por programas de descarga p2p, sino que La Blogothèque es un auténtico foro de debate que pretende descubrir la música más personal de un mundo globalizado en el que el mestizaje sonoro está a la orden del día y en el que, gracias a herramientas como esta, cada día más grupos logran tener conciertos y ser famosos antes incluso de grabar su primer álbum con un sello.
Y es un webzine porque, sí, informa de las novedades editoriales y otros eventos que se producen en el mundo de la música independiente, pero yendo más allá de la simple entrevista o crónica de otros espacios similares, “valorizando el hecho de estar en Internet”, dicen.
Y esto no es papel mojado. Su manera de entender la producción y presentación de estos contenidos alternativos nos llevan a la segunda y verdadera razón por la que tienen tanto éxito, la que llamó la atención de Play-Doc como festival de documentales que es.
Hartos de la estética publicitaria de los videoclips de MTV, los chavales de La Blogotèque idearon los Concerts à emporter (Conciertos para llevar). Son estos vídeos de los grupos más reconocidos del mundo en el ámbito de la música indie con un marcado componente documental, pues graban en directo a los músicos en su vida diaria, en su piso, dando un paseo en la calle, o simplemente sentados en un parque interpretando sus canciones, sin ningún arreglo de estudio, mientras los curiosos viandantes miran el espectáculo.
Así, se puede ver en streaming a Vampire Weekend, una de esas bandas en las que el éxito fue antes que el álbum, neoyorquinos de nacimiento pero africanos de corazón, tocando el tema que abre su segundo LP, Horchata, en un descanso de su gira europea, sin el fondo de su barroca producción, con la sencillez de la voz y las cuerdas de la guitarra.
El cantante de R.E.M., Michael Stipes, lleva al realizador más activo de La Blogothèque, Vincent Moon, en su coche desde su casa en Atlanta hasta el estudio donde le esperan los miembros de su banda para grabar canciones como Sing for the Submarine. Es otro de los momentos estelares de estos conciertos portátiles que se cuentan ya en cientos (van 211) desde que se grabó el primero con The Spinto Band hace cosa de dos años.
Ahora mismo, esta banda norteamericana, que comenzó a ser conocida hace poco más de un lustro tras tocar como teloneros de los Arctic Monkeys en una de sus giras, presenta el EP de su tercer álbum, Slim and Slender.
Sus dos anteriores trabajos se caracterizan por un power-pop alegre que combina los sonidos de Pavement con el buen hacer vocal de Ric Ocasek (The Cars). Su álbum de bienvenida, Nice and Nicely Done (2005) fue una de las propuestas pop más refrescantes de ese año y temas como Oh, Mandy los acabaron por consagrar en el panorama indie.
No fue menos adictivo lo que grabaron después con dos grandes leyendas. El productor Dave Trumfio (descubridor de Wilco, entre muchos otros aciertos) se juntó con el ingeniero Tchad Blake (Tom Waits, Paul Simon) para producir las melodías deliciosas, extravagantes y más trabajadas de Moonwilk (2008).
Este grupo estará presente en Tui el sábado 20 de marzo con un concierto en la sala Metropol. Más allá de la anécdota que puedan contar de la grabación del primer concert à emporter, lo más relevante en la presentación de este proyecto será la presencia de su creador, Chrystophe Abric, para explicar cómo surge La Blogothèque, sus mecanismos de trabajo y filosofía.
Otros grandes protagonistas de esta edición son Batida, grupo procedente de Lisboa y Luanda (Angola) que ofrecerá el segundo concierto de Play-Doc 2010. La música tradicional angoleña se combina con sonidos electrónicos y muy urbanos de la mano del famoso MC nacional Beat Laden.
Es ésta una figura importantísima para el movimiento afro en Lisboa y en la propia Luanda, por lo que su colaboración con músicos del lugar era cuestión de tiempo. En 2009, la banda presentó su primer trabajo, Dance Mwangolé, y en menos de un año ya es toda una referencia en el país luso. Play-Doc ofrece la posibilidad de darlos a conocer más allá de sus fronteras, para que el público del festival pueda disfrutar de esta sugerente apuesta que se apoya en los ritmos kuduro, en la samba electrónica y en el rap más rupturista.
Además, Catarina Limâo, una de los miembros de la banda, proyecta en los directos un vídeo con imágenes de archivo de los años 60 y 70. Esto permite establecer un diálogo con otras piezas hechas a base de found footage en el festival, como pueden ser las de Rosenblatt, mientras que regala una experiencia audiovisual única en directo. Para la ocasión, la banda vendrá acompañada por el colectivo de danza tradicional angoleña Batoto Yetu, por lo que el todo será un festival para los sentidos.
Y para quien no pueda quedar al concierto, siempre tiene la posibilidad de ver Luanda, la fábrica de la música, documental de Kiluanje Libertad e Inês Gonçalves que explica cómo un barrio de la periferia de la ciudad angoleña cuenta con los niños poeta, verdaderos artistas en
fabricar hipnóticos sonidos con una suerte de rap de ritmos africanos, cantautores a la vida de un continente desconocido para el occidental.
Los versos y los ritmos de estos chavales cautivan al espectador, que aprende en qué consiste el kuduro, género local que va muy bien para las caderas, maneras de contar una historia, para ellos mismos o para quien la quiera escuchar.
Estas manifestaciones sonoras populares, propias de todo pueblo labrador para acompañar la soledad del trabajo, adquieren una nueva dimensión al ser mezcladas con ritmos de otras partes del mundo. El documental actúa así como registro de estas voces y forma de vida, pero muestra también cómo la música actual está marcada por un mestizaje sonoro nunca antes observado.
Finalmente, la Sección Informativa acaba con Rip: A Remix Manifesto, ópera prima de Brett Gaylor, un excelente documental musical que ya ha recogido varios premios en festivales internacionales y que en el momento de escribir este dossier está nominado a los Genie Awards, los Oscar canadienses.
Su director sigue a su músico favorito, Girl Talk, sin enterarse de que en realidad va a acabar realizando una aguda reflexión sobre los derechos de autor, ya que este artista norteamericano es famoso por sus mash-ups, piezas que se consiguen mezclando extractos de canciones ajenas.
De este modo, Girl Talk diferencia propietario legal de legítimo, siguiendo ese concepto por el cual el significado de la obra se construye después de que ésta sea lanzada e interpretada por el público, la crítica y la comunidad artística que le corresponda, musical en este caso. Así, Rip: A Remix Manifesto se mueve entre conceptos como la propiedad intelectual, el copyright y copyleft, y la originalidad en la creación artística; convirtiendo por el uso de ciertas fuentes a su autor en un delincuente.
Esta posmoderna idea de apropiación es la que vertebra y ha dado más de un dolor de cabeza a cineastas como Craig Baldwin o Jay Rosenblatt. Tiene su espacio en las obras contemporáneas de no ficción y dibuja un ámbito de la creación artística que es extensible hoy a toda la sociedad debido a las fronteras aún no bien delimitadas de propiedad intelectual en Internet.
LAS OVEJAS TOMAN LA SECCIÓN OFICIAL
Por otras aguas navegan la mayor parte de las películas presentadas este año en la Sección Oficial. Son 14 en total divididas en las ya clásicas secciones de Largometrajes, Cortometrajes y Documentales Gallegos y pretenden, como siempre, tomar el pulso a los autores más interesantes de los últimos meses para ver por qué caminos pasa la creación documental contemporánea.
La presencia norteamericana en esta edición es destacable, con Sweetgrass a la cabeza dada la trayectoria que este fascinante western de no-ficción ha recorrido. Con elogios
tremendos recibidos en los festivales de Nueva York y Berlín, esta atípica película ha sido calificada de “observación verdaderamente íntima y bellamente rodada de la conexión entre el hombre y la bestia” por Manohla Dargis del New York Times o de “experiencia única” con una gran inmersión “desde la perspectiva de una oveja” según Ronnie Scheib de Variety, que ve en ella la influencia de Río Rojo (Red River, 1948) de Howard Hawks.
No va desencaminado este comentario, pues la historia de uno de los géneros definitorios del Hollywood clásico impregna cada plano del filme, a lo mejor sin poder atribuirle una influencia directa de Hawks o de cualquier otro de los grandes del western. A medio camino entre La diligencia (Stagecoach, 1939) de John Ford y Nanuk, él esquimal (Nanook of the North, 1922) de Robert J. Flaherty, el filmw de Ilisa Barbash (presente en el festival) y Lucien Castaing-Taylor cuenta la última expedición a las montañas de Absaroka-Beartooth de Montana de dos vaqueros que llevan allí a pastar a sus ovejas en verano.
Se trata más bien de pastores, pero la odisea que viven eleva el cuento a elegía épica; eso sí, sin sentimentalismo alguno. La cámara sigue con una naturalidad cartesiana (casi logra alcanzar una objetividad pura) todo el proceso de “trasquilaje”, parto, alimentación y guía del animal hasta la infranqueable cordillera.
La construcción de personajes es impresionante. Dos vaqueros, uno novato y otro experimentado, tienen que convivir durante semanas en este lugar desolado, cuidando de sí mismos y atendiendo a que no les pase nada a las ovejas. Con un original “formato de docu-play” (en palabras de Scheib), el filme no sólo documenta los procedimientos laborales de estos últimos cowboys, sino que desgrana una relación íntima entre dos personas que parecen escritas e interpretadas, más que captadas al natural.
El arco narrativo está tan definido como en una cinta de ficción, y el ritmo se mantiene con nudos de trama como un momento de alta tensión, en el que un animal salvaje ataca a las ovejas y ellos intentan darle caza, o cuando el más joven de ellos llama a su madre para decirle que ya no soporta más la situación y que tiene la pierna rota, por lo que deben descender lo antes posible. La palabra “odisea” es la que mejor define estos momentos, en un filme que también sabe mirar con calma, por el simple placer de observar.
De esta manera, el 80% de la película son planos de ovejas, muchas veces desde su perspectiva y otras tantas desde la de sus cuidadores o la de un espectador externo que escruta el valle en la búsqueda de esta curiosa expedición. Así, las panorámicas o los zooms son habituales en una cinta rica tanto en lo visual como en lo narrativo.
Sweetgrass fue rodada con cámaras DV de alta definición y pasada a 35 mm. para su explotación en salas. El abaratamiento y la alta calidad de estos equipos están haciendo posibles filmes como estos, alejados de la visión usual de documentales de animales difundida con éxito por la BBC.
LA ACTUALIDADE HECHA CINE
Visión no oficial también la de Hasta la victoria, de Chris Guidotti y Matteo Besomi. Con medios más reducidos, documentan el caso personal de unos amigos del primero que puede ser extrapolable en Cuba a una buena parte de la población.
Una pareja de médicos quiere salir de la Habana, no porque estén descontentos con el sistema de sanidad pública de su país o porque sean menos socialistas que Fidel Castro, sino porque se ven asfixiados por la falta de libertad que hay en la isla, de la que no pueden ni salir debido a la demanda de doctores que hay en ella, sumado esto a diversos motivos políticos.
Guigotti habla con ellos de tú a tú y Besomi graba todo. Si la primera parte de la película está centrada en sus razones para dejar Cuba y en las mentiras que tienen que inventar para que la mujer pueda escapar con Guidotti a Suiza, la segunda parte se hace más interesante por su instantaneidad.
Es Hasta la victoria una cinta honesta y directa, que huye de la propaganda política para establecer una denuncia política encubierta. Una vez en Europa, la única forma de comunicarse que les queda a los amantes sin tener que interpretar un papel es grabar cintas en la cámara casera de Guidotti y que él las transporte.
Privilegiando la comunicación entre los personajes desde su punto de vista, a la película no le importa estar desenfocada o tener otros problemas técnicos. Lo relevante es ese diálogo epistolar, íntimo, que se establece entre los dos protagonistas.
Con final amargo, el hombre cuenta cómo está perseguido en la isla y relata incluso un interrogatorio de la policía. Aterrado, deciden esperar a que, quizás, algún día, no tengan que fingir que van a un congreso para ir a vivir a otro país.
Y de Cuba pasamos a los Balcanes, área que aún arrastra los conflictos de las últimas décadas, lo que ha sido tema recurrente en el nuevo cine bosnio. Boris Mitic realiza con Adiós, ¿cómo estás? (Dodidjenja, Kako Ste?) un ensayo en la línea de Chris Marker o Jean-Luc Godard. Como si estuviera haciendo las Histoire(s) du cinéma (1988) de este último, construye su película en la sala de montaje, empalmando material de archivo de todo tipo para ilustrar una serie de 24 aforismos de diversos autores.
Pongamos un caso: “El mejor gobierno es el que está por venir, siempre y cuando no venga”. Todos son de esta guisa. Quedan claras las intenciones. Con exquisito humor negro y mucha mala baba, Mitic realiza un viaje por la Serbia actual de marcado tono anti-bélico. Lo más destacable de la propuesta no está ya sólo en los propios aforismos, sino en la capacidad del director para montar las imágenes de tal manera con la música (que bien podría haber sido compuesta por la banda de Emir Kusturica) que logre convertir un tema de una densidad intelectual tan alta en algo estéticamente disfrutable.
Si los 60 minutos de Adiós, ¿cómo estás? nos dejan con ganas de más, aún quedan otros dos largometrajes en la sección oficial que se complementan bien con éste.
Volviendo al collage, nos encontramos con Desorden (Xianshi Shi Guoqu de Weilai), del chino Weikai Huang. Entrelazando lo que podríamos denominar varios cuentos morales, el realizador monta un discurso sobre la cambiante sociedad de su país, cada vez más
industrializado y con unas ansias enormes de abrazar definitivamente la propiedad privada. Huang nos llevan a ambientes urbanos en los que se da un conflicto, y en los que queda bien claro que la solidaridad es un valor pasado de moda.
Las situaciones que se dan, todas reales, están sacadas de recortes de periódico, siendo reconstruidas por el autor con una puesta en escena que recuerda a la cámara en mano del Alejandro González Iñárritu de Amores perros (2000) en cuanto al encuadre, y que evoca indudablemente en el grano las primeras películas de Wong Kar-Wai, sólo que optando por el blanco y negro.
Estilo más tradicional presenta el último de los largometrajes a concurso. Sanya y Pardal (Sanya i Vorobey), del ruso Andrey Gryazev, sigue a una pareja de obreros que mantienen una relación paterno-filial comparable a la de Sweetgrass. Una gravera casi desértica tiene a un grupo de trabajadores subcontratados y aislados en el lugar. Llevan allí meses sin cobrar, suplicando un futuro mejor que no llega.
El rudo y experimentado Sanya intenta recuperar el dinero que le debe la empresa insistiendo día tras día con llamadas telefónicas, pues a kilómetros de la civilización es lo único que puede hacer mientras no lo vengan a recoger. Su compañero de habitación es un chaval al que llaman Pardal por su corta edad y delgada complexión.
Son dos personalidades bien distintas, pero deben aprender a aguantarse para sobrevivir en las duras condiciones en las que trabajan y no perder la cabeza en ese páramo de desesperación que es la gravera.
BREVES PERO INTENSAS
De infiernos saben también algo los participantes de la sección de Cortometrajes. Jay Rosenblatt, que compite con su última pieza, La oscuridad del día (The Darkness of Day), firma una de sus obras más personales con este collage sobre las diversas formas que tiene una persona de acometer un suicidio.
Todos los casos que el director norteamericano presenta son reales. Algunos de personas famosas, apareciendo en el corto, por ejemplo, el de Primo Levi (que sobrevivió al Holocausto y curiosamente se suicidaría más tarde sumido en una profunda depresión). Con ellos, establece en la cinta una narración a dos voces (hombre-mujer) que relata, por una parte, los sentimientos de la persona que se va a suicidar y, por otra, lee el mensaje que el suicida suele dejar antes de su desaparición.
El tema enlaza directamente con el de The Phantom Limb y, si en este era la desaparición de un hermano lo que marcaba el relato, esta vez Rosenblatt se ve golpeado por el suicidio de su cuñada, lo que lo lleva desde el interior de sus entrañas a realizar un final amargo, punzante, doloroso, esencial.
Mucho más personal, y también muy experimental, es Marina y el experimento (The Marina Experiment), de la también norteamericana Marina Lutz. La realizadora recupera y
clasifica un archivo de cintas de audio, de súper 8 y fotografías caseras que su padre había guardado en la casa tras la muerte de éste. Este hombre tenía una obsesión por dejar todo acto cotidiano de su vida registrado, y cuando la pequeña Marina caía en sus manos, la fijación que tenía con la niña resultaba muy perniciosa. Ella misma lo explica con claridad: “Mi padre se pasó 16 años comunicándose conmigo sólo a través de cámaras y grabadoras”, teniendo que soportar ella sus “abusos emocionales”.
Esto tiene una vertiente sexual que Lutz no deja de señalar. Fotógrafo de profesión y muy aficionado a las pin-ups, el padre de Marina repetía encuadres con ella que ya había probado en las mujeres que posaban para él tratadas cómo simples objetos sexuales.
La directora prueba a base de montaje que esta extraña relación paterno-filial existió y concibe la película como una forma de liberación. La mayoría de la cinta está compuesta por fragmentos de varias grabaciones de sonido que combina con fotografías que actúan de plano-contraplano y que acentúan los aspectos más peyorativos del hombre que la trajo al mundo.
Esta venganza personal de Lutz comparte una huella feminista con Mi bebé blanco (Me broni ba), de Akosua Adoma Owusu. En ella, se describe la obsesión de las niñas de Ghana por tener un pelo impecable, dedicando éstas parte de su jornada a peinar a las muñecas blancas que les llegan de las grandes ciudades, muchas veces despojos de lo que ya no se quiere en el mundo occidental.
El colonialismo europeo vive así en los juguetes, refortaleciendo el rol de la mujer como ejemplo de belleza, subrayando el deber de ésta de estar guapa para el hombre. El canon es además el de una chavala delgada, alta y rubia, algo que lógicamente no es habitual en Ghana y que, como la película documenta, provoca en algunas niñas desconcierto e incluso frustración.
Pero la crítica de Owusu va mucho más allá al extrapolar este mundo de la muñeca a un ámbito cultural más amplio, en el que existen manifestaciones artísticas populares, como las pinturas con una alta carga de sensualidad y machismo de las propias tascas de Kumasi (localidad donde transcurre una gran parte del filme) que van por el incluso camino. Lo mismo se aplica a las peluquerías del lugar y a cómo se luce el pelo en la pista de baile, donde la mujer africana vuelve a ser objeto de deseo.
Mediante un montaje muy dinámico y de una gran carga lírica, con una presencia musical importante, Me broni ba es un placer para los sentidos, además de un filme sutil que actúa a muchos niveles.
Igual de sensorial es la locura que concibió el eslovaco Miro Remo en Patas arriba (Arsy-Versy). Siendo el más ágil de los cortometrajes a concurso, cuenta el atípico caso de un cineasta aficionado que vive alejado del mundo con su madre y que se dedica a fotografiar murciélagos en unas cavernas cerca de su casa.
Surrealista, muy cómica, trabajadísima visualmente; Patas arriba logra construir un personaje inolvidable, que se comporta delante de la cámara como un show-man que ameniza al auditorio con sus excentricidades.
La madre, único vínculo con el mundo real que le queda a Lubos (así se llama este curioso explorador) acentúa el contrapunto cómico al presentarse como una mujer seria y trabajadora. “Primero viene el trabajo, y después los hobbies”, explica a la cámara en señal de reprimenda a su hijo.
Además, la película cuenta con una riqueza importante de registros, al haber entrevistas, conversaciones, reconstrucciones, montaje con material de archivo, escenas líricas y algún elemento más, todo comprimido en 23 minutos. Se agradece una música exquisita que acentúa la cara paranoica del corto cuando Lubos presenta sus experimentos. Uno de ellos es un cortometraje muy trippy de ciencia-ficción que hizo en sus tiempos mozos, en otra ocasión se cuelga de un árbol con unas alas estilo murciélago, y el más divertido es verlo bajando por la gruta con una estructura metálica pegada al cuerpo que tiene varios focos y que ilumina su camino para que las fotografías le salgan mejor. En la oscuridad, unas luces se acercan en la lejanía mientras suena Also sprach Zarathustra (Así habló Zaratustra), de Richard Strauss. Todo cinéfilo identificará esto con 2001: Una odisea del espacio (2001: La Space Odissey), de Stanley Kubrick, en un gozoso ejercicio de homenaje con el que el espectador reirá tanto viéndolo como Remo realizándolo.
Acaba la Sección Oficial de Cortometrajes con una historia conocida, pero no por eso menos relevante, y realizada con una técnica poco habitual en el documental, la animación flash. Siguiendo la estela de la magnífica Vals con Bashir (Waltz With Bashir, 2008) de Ari Folman, que denunciaba con tino las matanzas de refugiados palestinos en Sabra y Chatila (Líbano) con dibujos (alguno no creía que algo así pudiera ser nominado a la categoría de Filme de Habla no Inglesa en los Oscar, y ahí estuvo); Esclavos (Slaves), de Hanna Heilborn y David Aronowitsch, cuenta la historia de dos chavales secuestrados por las milicias pagadas por el gobierno de Sudán que son vendidos como esclavos.
Antón Lamazares
FILME ‘DO PAÍS’
Y para finalizar, no podía faltar una sección básica en Play-Doc, la de Documentales Gallegos, que introduce este año además dos exposiciones vinculadas a las temáticas de dos de los cuatro filmes a concurso.
Así, Antón Lamazares, reconocido miembro de Atlántica, grupo que aglutinó a los artistas más relevantes de Galicia en los años ochenta, presenta en Tui varias obras inéditas. Mientras prepara una retrospectiva en Budapest, habla en el documental Horizontes sin dueño, de Nayra y Javier Sanz Fuentes, de cómo surge en su caso el acto creativo, y realiza con varios amigos reflexiones sobre el arte y la vida en general.
En él explica cuáles son sus primeras influencias. Si bien comenzó dándole a la poesía en los años setenta, algo que dejaría una huella enorme en su vida, decidió definitivamente cambiarse a la pintura cuando descubrió a autores como Paul Klee, Joan Miró o Vincent van
Gogh en un viaje por Europa. Dice que cuando vio las obras de este último, supo que no se quería dedicar a otra cosa.
Malhumorado por la rapidez constante en la que vivimos en la sociedad moderna, comenzó a promulgar una vuelta a la calma desde su pintura, usando materiales pobres y composiciones primitivistas combinadas con una carga teórica y conceptual considerables.
Siete de los cuadros que aparecen en el filme estarán presentes en la exposición que Play-Doc le dedica al autor. Estas piezas realizan un recorrido por la trayectoria artística del pintor, que presta una cuidadosa y meditada atención a la memoria, la importancia de las cosas humildes, el paso del tiempo o el valor de la mirada contemplativa. Todas estas cuestiones pueden apreciarse en unas obras en las que el cartón, “superficie humilde por antonomasia”, y el barniz, “material pictórico prácticamente imperceptible”, adquieren el mayor protagonismo.
Manolo Paz es el otro invitado a exponer en Tui. El escultor de Cambados, famoso por los Menhires de la Paz del campo de la rata de A Coruña (cerca de la Torre de Hércules), trae a Play-Doc tres obras de gran formato situadas al aire libre, que se colocarán delante del Teatro Municipal de la ciudad, sede del festival. Éstas conforman un conjunto completo que el artista realizó originariamente para la galería SCQ de Santiago de Compostela y con el que pretendía rendir un homenaje a su Cambados natal.
Si la aportación de Lamazares al arte es más intelectual, Paz le da al cincel desde la intuición, con un impulso natural que lo lleva siempre a integrar sus piezas en la naturaleza, reflexionando sobre la relación que el ser humano tiene con la tierra.
El documental Un mar de una piedra, de Manu Paz y Xacobo Sanmartín, documenta la realización de estas piezas, rodando en el taller del artista durante todo el proceso. Su filosofía queda al descubierto mientras los realizadores visitan los lugares donde comenzó a trabajar y hacen un repaso de su trayectoria. El filme está lleno de declaraciones de amigos artistas y de otros conocidos de Paz que realizan un retrato de él que complementa las imágenes de archivo que se le muestran al espectador.
Ya fuera de esta dualidad filme-exposición, Alberte Pagán vuelve a Play-Doc con una trayectoria que lo ha catapultado al podio de los directores gallegos de documentales. Tras el experimento narrativo que supuso Como foi o conto (2004), probó suerte con ese otro vídeo rupturista que concibió a modo de instalación, Os Waslala (2005), en el que se podían contemplar cuatro historias a la vez sobre labradores de Nicaragua.
Después realizó la obra que lo daría a conocer fuera de las fronteras gallegas, Bs.As. (2007), que fue precisamente galardonada con el premio Foco Galicia en el festival Play-Doc de ese año. Además, dio la vuelta al mundo con su selección en Gijón, Punto de Vista (Pamplona), Las Palmas o Mar de Plata (Argentina), entre otros.
Este primer largometraje era un personal ensayo que estudiaba las relaciones entre Buenos Aires y Galicia, mientras que en Tanyaradzwa (2009), el filme que presenta a concurso en esta edición, retrata a una amiga suya de Zimbawe mezclando el screen test de Andy Warhol con el busto parlante confesional. Tan provocador y experimental como siempre, Pagán pretende más bien despertar en el espectador sus propios prejuicios sobre África, la mujer y el exotismo, construidos desde la mirada del imperialista blanco.
Completa la sección Documentales Gallegos Días de reparto, de Jorge Coira e Iker Elorrieta. Los cineastas siguen a Felipe en su día a día como vendedor ambulante. Él lleva una de esas furgonetas de reparto que van a las aldeas a llevar los productos que sus habitantes no pueden conseguir más que desplazándose en coche.
El choque inicial que produce en los ancianos de estas localidades ver llegar a un chaval joven con pendientes y melena a repartirles el pan se va diluyendo conforme toman contacto con él. La película documenta una profesión en extinción y retrata a una persona con un perfil atípico en su trabajo. Además, evidencia la preferencia de la gente más joven de aldea a emigrar a ciudades o por lo menos a pueblos más grandes. Esto está ocasionando un abandono de las casas de campo que corre el riesgo de ser irreversible.
De este modo, a través de un caso particular el filme está hablando de un profundo cambio demográfico que viene acompañado de la pérdida de la sabiduría popular que tan rica hace a una cultura.
RETRATANDO LA MEMORIA DE TUI
No nos podemos despedir sin dejar de hablar del taller que retoma la idea de la edición de 2009, en la que un grupo de 10 nuevos cineastas retrató a un número igual de personajes, habitantes de Tui, en una cinta colectiva presentada posteriormente en los festivales bajo el nombre de Ida y vuelta.
La encargada de difundir el proyecto por el mundo es Marta Andreu, responsable del prestigioso Máster de Documental de Autor de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, y productora de varios filmes de no ficción. La catalana logró presentar la película en el Festival di Popoli de Florencia, el de Belfort (Francia) o el Festival Internacional de Documentales de Cuba, entre otros, con muy buena acogida.
Ahora, propone una segunda edición que ahonde en la relación del cineasta con el retratado. Si la primera llevaba el título de Retrato filmado, ahora se pretende desarrollar el Retrato-Memoria. Así, repite casi la integridad del equipo, proveniente de Barcelona, Galicia, Madrid y Portugal, para intentar captar con sus cámaras un capítulo del pasado de los retratados (también los mismos del año anterior) sin recurrir a reconstrucciones de los hechos con un estilo ficcional.
Es este un conflicto puramente cinematográfico que ha ocupado horas y horas a cineastas tan reputados como Claude Lanzmann, que en su inolvidable Shoah (1985)
retornaba a los campos de concentración nazis, a la solución final contra los judíos, sin mostrar una sola imagen de archivo, apoyándose sólo en los testimonios recogidos y en el paisaje desolada de unas cámaras de gas en desuso.
Este espíritu, que desafía la lógica más conservadora del reportaje televisivo de corte histórico, será el mismo con el que los participantes de este taller miren el mundo en Tui desde el lunes 15 de marzo hasta la clausura del festival el día 21. Como dicen los directores de Play-Doc, Ángel Sánchez y Sara García, se trata de “moldear la presencia para tratar la ausencia”.
El resultado de este experimento será el montaje de un nuevo filme colectivo que complemente al anterior, realizándose así un mosaico multiperspectivista de la vida de estos diez habitantes de la ciudad de Tui.
EL JURADO
El jurado este año estará compuesto por tres miembros. Aquí están sus perfiles:
Eulàlia Iglesias (Barcelona). Periodista especializada en cine y audiovisuales, Eulàlia es profesora en la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona) y en la Casa del Cine (Barcelona). Miembro del consejo de redacción de Cahiers du cinéma - España, colabora además en las publicaciones Rockdelux, Cine 365, Blogs & Docs y en el diario Público, entre otras. Ha participado en los libros La contraola. Novísimo cine francés (Festival Internacional de Cine de San Sebastián, 2009), Robert Rossen: su obra y su tiempo (Nosferatu, 2009), Una parte del cielo. Mujeres directoras (Festival Internacional de Cine de Gijón, 2008), Lucrecia Martel (Festival Internacional de Cine de Gijón , 2008), Terence Davies: los sonidos de la memoria (Festival de Cine de San Sebastián 2008), ¡Rock, Acción! Ensayos sobre cine y música popular (Avant Press, 2008) o Las miradas de la noche. Cine y Vampirismo (Ocho y medio, 2005), entre otros.
Darío Oliveira (Porto). Licenciado en Artes Plásticas y Pintura por la Escola Superior de Belas Artes de Porto, Dario Silva es Professor de Teoría do Cinema en la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidade de Porto. Fundador, co-director del Festival Internacional de Curtas de Vila do Conde, ha participado como jurado y programador en un gran número de festivales, muestras y ciclos de cine en todo el mundo. Es responsable del Departamento Internacional de Adquisiciones de Atalanta Filmes y miembro del Consejo de Administración de Antena Nacional Portuguesa en la coordinación europea de festivales de cine. También es Fundador y Membro de la Dirección de la Axencia da Curtametraxe en Portugal, creada en 1999 y a su vez fue comisario para diferentes galerías de arte y centros multimedia en Portugal.
José Manuel Sande (A Coruña). Historiador y escritor cinematográfico gallego. Programador del CGAI, miembro del consejo de redacción de Revista do Audiovisual Galego (AG) y de la Asociación Española de Historiadores del Cine (AEHC), escribe y colabora en Xornal de Galicia, Tempos Novos (suplemento “Protexta”) y publicaciones especializadas como Blogs&Docs, Cahiers du Cinéma (España) o Secuencias. Licenciado en Filología Hispánica, Master en Estudios Teatrales y Audiovisuales (UDC), especializado en cine documental e Historia del cine español. También trabaja como docente y colabora como productor y coguionista de diversos proyectos documentales.
