Jueves 24.05.2012
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La cosa está programada para el 27 de julio, y podría ser en la Quintana o el Obradoiro.
v COSTELLO. De Costello podríamos hablar mucho y bien. Uno recuerda sus principios, y cómo se movía entre el reflejo especular de Buddy Holy y las resonancias del primer movimiento Punk. Y cómo más tarde llegaba a aquella rareza, aquella exquisitez de Juliet Letters, donde se hacía acompañar por uno de los mejores cuartetos de cuerda del mundo, los Brodsky Quartett: "He said, It was nothing...it’s over and done/ But the rotten worm was burrowing still/ Its spirit invades me bleeding me white/ For other replies/ I searched his pockets/ I searched his eyes/ I searched his wallet for clues and lies..."
Y acabar trabajando insistentemente para el sello clásico Deustche Grammophon, el de Herbert Von Karajan: For the Stars (con Ann Sophie Von Otter), North, Il Sogno, My Flame Burns Blue...
La gente dice que ese viraje al terreno clásico ha sido posible gracias a la influencia de Diana. Y las fechas coinciden. Aunque rockero en esencia, nunca ha dejado de hacer cosas como jazz. Con Bill Fri-
ssell, por ejemplo, en Deep Dead Blue y The Sweetest Punch. Así como ha colaborado con personajes tan dispares como Richard Harvey, Marian McPartland o Allen Tou-
ssaint. O con uno de los padres de la materia de crooner: Burt Bacharach.
v DIANA. Cuando salió All for You, homenaje a Nat King Cole, cuarto disco de la canadiense y primero en Impulse, los melómanos comentaron que tenía un gusto extraordinario. Todo parecía indicar que había nuevo fenómeno a la vista. Un matiz ronco en la voz hacía que la pudieses asociar fácilmente a otra estrella rutilante que comenzaba a brillar con luz propia en esos momentos: Cassandra Wilson. "Entre las dos hacen tres mujeres", dicen que comentó el gigantesco contrabajista Ray Brown. El que fuera marido de Ella Fitzgerald acabaría siendo su mánager.
En el universo de Diana hay, entonces, tres referencias. Una es Fats Waller, a quien interpretaba de pequeña. Era la música que sonaba a todas horas en su casa. Un hogar donde, por cierto, todo el mundo era músico. Y, cuando comienza a tocar en los clubs de Vancouver desde los quince años, sueña con ser Roberta Flack (¿quién no ha cantado alguna vez Killing me Softly with his Song?); quizás, Nina Simone. La voz singular acompañada de piano.
Triunfó. Ocupó ese papel, también ella. Luego vendría la siguiente remesa: Norah Jones, la hija de Ravi Shankar. O Rebekka Bakken, la inigualable y bellísima noruega que derrite el hielo a su paso...
v GURPEGUI. Sigue en sus trece Mari Carmen Abelairas. Allí anda ahora ejercitando los fogones en torno a su cocido, magistral como todo lo que hace. v GONZABA. Pepe Fernández volvió a organizar un pantagruélico cocido para sus clientes y amigos. El éxito, una vez más, fue rotundo. v PURI. La campeona de los complementos de la Calderería (incluídos Luana, Francesco Biasia y los Lupo, el Rolls-Royce de los bolsos), se fue a Milán con Marina; las dos en plan cool hunters. Dejaron temblando el Duomo... v CANEY. Semana del arroz. Recuerden años anteriores y obren en consecuencia. Reserven o están perdidos...v ECONOMÍA. Domingo Antonio Guerra París edita Actividad Económica Muradana. O de cómo un estudio financiero puede ser luminoso y tan atractivo como un thriller. Francamente interesante, de veras.
