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DE ‘PRATOS COMBINADOS’ A LA FAMA

María Castro Jato: “Galicia y yo somos una. Necesito sentir la esencia gallega en todo mi ser”

13.03.2010  “En este oficio hay que hacer de todo. No quiero cerrar ninguna puerta”

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POR ENRIQUE BEOTAS

La duda vital no está en su código genético, ni en su palabra precisa, ni siquiera en su paso decisivo y bello. La chica pelirroja de mirada picante y verde, de boca frutal y rosa, de manos blancas y afiladas, me trae los registros vividos ante las pantallas de mi adolescencia.

Si aquel genio pedante de la Nouvelle Vague, Jean-Luc Godard, tuvo razón cuando escribió aquello de que la historia del cine es la historia de chicos fotografiando chicas, la historia de las tele-series tiene un antes y un después de que apareciese esta musa de pecas a lo Guillermo Brown. A María Castro la intuí en los ‘pratos combinados’ con que supo fascinar a Galicia, la comprobé en las ‘tetas sin paraíso’ con que atrapó a esa generación que sobrevive entre la España que muere y la que bosteza, me rendí incondicionalmente cuando me sedujo, disfrazada de la ingenua Mollie Ralston, desde las tablas de ‘La Ratonera’, la obra que sobrevive desde 1952 gracias a la precisión de Agatha Christie.

Ésta María Castro de mi alma y de mi corazón revive en mí la sensualidad de Veronica Lake, los desdenes de Ava Gardner, la travesura voluptusa de Marilyn Monroe, la psicosis de Janet Leigh, la sobria elegancia de Jean Seberg y la locura perfecta y agridulce de Jacqueline Bisset… ¡¡¡Tú sí que vales… nena!!!, que decía Fernando Colomo, mi compañero de correrías adolescentes…

"Hay que valer, eso está claro… Sin valer pueden abrirse algunas puertas, pero se cierran en seguida"

– ¿Y la suerte…?

– En este mundo, como en todos, también cuenta… Yo he tenido muchísima, me ha acompañado siempre, desde que era una niña hasta ahora.

– Dos sueños cumplidos…

-Presentar las campanadas de Nochevieja desde la Puerta del Sol y recibir el Premio Ondas.

Alejado de melancolías me decido por esta viguesa, maestra, gimnasta y actriz, que se maneja como meiga por el mundillo donde nada es lo que parece… donde todo lo parece... donde es sueño cuando aparece… Sé que mi amigo Enrique Cornejo, empresario teatral de fino olfato, sólo recluta por entre las vetas del talento. Tal vez por eso he ido ensayando los gestos de Sir Laurence Olivier en ‘La Huella’ de Mankievicz. El encuentro es en su camerino del Reina Victoria, donde María convive entre rosas de enamorados…

"En esta vida la gente te regala mucho los oídos e intenta hacerte sentir especial. Pero eres tú la que tienes que darte cuenta de que nadie es especial..."

– No me seas "políticamente correcta…" ¡Te he visto "salir" por entre las cajas como si nada!

– O somos especiales todos o no lo somos ninguno.

– ¿Lo de la timidez nunca fue contigo?

– ¡Es que nunca he tenido vergüenza, Beotas…!

– Para mí, que lo más difícil viene a partir de ahora…

– Depende de lo que entiendas por "difícil…"

– Lo de mantenerse...

– Eso es cuestión de equilibrio, no lo olvides: soy gimnasta.

Primera gran virtud: María Castro posee la madurez y el estoicismo que confiere vivir el sacrificio de la gimnasia rítmica deportiva.

"Aprendí a caerme y a levantarme. Conseguí el campeonato gallego a base de disciplina, posteriormente la diplomatura en Magisterio de Educación Física y más tarde la licenciatura en Ciencias de Actividades Físicas y Deporte por la Universidadede Vigo. El haber dado clases como profesora de Educación Física también me ayudó mucho".

– ¿Te vacunaste del virus de la fama?

– Intento no percibirla demasiado para que no me devore. Pretendo que sea un elemento más en mi vida porque, en realidad, mi vida es igual que hace nueve años, cuando no me dedicaba todavía a esto...

– ¿Y la vida privada…?

– Ha pasado a ser pública…

– ¿Cómo lo llevas…?

– Es complicado. Me ha caído encima mucha responsabilidad…

– Es la servidumbre de ser uno de esos mitos que necesitamos las gentes…

– Tengo mis virtudes y mis defectos, como todo el mundo. Soy una persona luchadora, consciente de que me queda mucho que mejorar, mucho por aprender... Cuando me escriben y me dicen que "quieren seguir mis pasos", pienso en que tengo que dar los míos en firme…

– ¿Cuesta madurar tan pronto?

– Entré en un mundo de mayores siendo muy joven, apenas dieciocho años. Tuve que poner los pies sobre la tierra en seguida.

– ¿Preñaste por las orejas?

– Reconozco que este es un medio en el que te regalan los oídos, en el que te dicen que eres mucho más que nadie... Yo sé que no es así.

– ¿Quién te lo recuerda?

– Tengo la suerte inmensa de que mi familia siempre está al lado.

– ¿Cómo es tu familia?

– Es lo más valioso que puedo tener. Nunca me he querido despegar de ellos.

– ¿Es tu brújula?

– Están más que advertidos de que, si algún día notan algún cambio en mi personalidad, deben avisarme sin contemplaciones.

– Háblame de tus padres…

– Me han enseñado a ser persona, a ser siempre la misma. Es muy importante no perder tu propia identidad, te dediques a esto o a lo otro.

– Pero tú eres actriz, nada más…

– ¿Te has parado a pensar los personajes tan diferentes que representamos en cada momento? niña en Pratos Combinados, una víbora como Jessica en Sin tetas no hay paraíso o ahora en un personaje de época en La Ratonera… Nuestro trabajo no acaba nunca: estudiamos comportamientos, hablamos públicamente, ensayamos, actuamos, reímos, lloramos… El único papel cierto es el de ser María Castro, y ese no se interpreta.

– No hay declaración tuya en que no cites a tu madre…

– Es que ella es tan especial… Cuando hablo de mi madre no puedo evitar emocionarme... Es la persona con la que primero hablo cuando me levanto y la última con la que hablo cuando me acuesto... Mi madre es una persona dulcemente ingenua. Es esa mezcla de ser "riquiña" pero también firme. Creo que ella está en mí…

– Así que "la niña bonita".

– Mis dos hermanos me llevan diez y nueve años respectivamente, así que yo llegué cuando mis padres ya no me esperaban… Creo que la clave del vínculo con mi madre está en haber llegado al mundo cuando ella tenía una madurez diferente.

– ¿Madre y amiga?

– Es maestra, con lo cual ha podido dedicarme todas las tardes de mi vida. Es mi mejor consejera. No necesito contarle nada, ella siempre sabe lo que me pasa en cada momento... De mayor me gustaría ser como ella.

– Encontraste entonces el modelo perfecto…

– Conservo un recuerdo imborrable de los cinco años. ¿Te lo cuento?

– Por favor…

– Es que te puede parecer una tontería…

– Yo soy un profesional de hacer el ridículo y… aquí me tienes…

– ¿Cómo te tengo?

– Entregado…

– Pues resulta que mi madre estaba barriendo en la cocina mientras yo hacía los deberes. La pregunté: "Mamá, ¿no hay nadie perfecto?". Ella contestó que no... "¿Ni siquiera tú?", le dije. "Ni siquiera yo", me replicó. Eso lo dice todo…

– ¿Y tu padre?

– Me ha dejado muy claro que, en la vida, todos somos personas, iguales, que la humildad siempre debe ir por delante, que no debemos hacerle a los demás lo que no queremos que hagan con nosotros. Me ha enseñado a respetar.

– ¿De quién aprendiste el arte de mandar con la mirada?

– Eso debe venir también de mi padre, una persona de mucho carácter, con mucho arraigo, que no se deja pisar...

María viste en verdes y negros. Su homenaje a Warhol está en su cinturón, una concatenación de latas de sopa de tomate Campbell. Las uñas conservan el esmalte rojo de las prisas. Ella es consciente de la mirada escrutadora… Entrelaza los dedos porque observa cómo Luis Sinde, exégeta del detalle incopiable, dispara desde la cámara a sus manos. María, que domina las artes del brujo de la tribu, demuestra así su obsesión por la estética perfecta y mueve su colección de pulseras para apartar de su esmalte el objetivo indiscreto. Yo estoy fascinado por esa combinación admirable de inocencia y determinación, como si estuviera dispuesta a conquistar el mundo sin darle demasiada importancia. Ensayo mi mejor gesto. Se lo copié hace tres décadas a Edward G. Robinson…

"Aunque no trabajase como actriz, me sentiría actriz. Antes no podía canalizar esta vocación porque hacía gimnasia rítmica y estudiaba. Eran mis únicas facetas en la vida".

– Me han contado que eras una estudiante ejemplar.

– No exageres, Beotas. Yo fui una estudiante trabajadora y no de las más listas… Eso sí, siempre estaba deseando que me preguntasen para contestar.

– No paraste de estudiar…

– Cuando comencé de actriz estaba con la carrera y sacando buenas notas. Todos me decían: "Ya verás cómo ahora dejarás los estudios". Me costó muchísimo esfuerzo acabar, estaba con dos series a la vez: Avenida de América y Pratos combinados

– Tus claves para el éxito.

– Sentir el compañerismo sabiendo que a veces se gana y a veces se pierde. Comprender que hay que luchar y disciplinarse para conseguir los sueños. No abandonar jamás.

– Entrados en materia me tienes que resolver una asignatura pendiente…

– Te advierto que las asignaturas pendientes no se resuelven, se aprueban o se suspenden…

– Es que no sé por dónde vas a tirar, si por el drama o por la comedia…

– Los grandes actores son los cómicos. Cuando un actor sabe hacer reír, ya sabe hacer llorar o lo que haga falta. Es tan difícil empatizar con el público para que ría…

– ¿Tu mejor registro?

– En este oficio hay que hacer de todo, no quiero cerrar ninguna puerta.

– ¿Teatro, tele o cine?

– El teatro aglutina muchísimos elementos que otros medios no te dan. Hay más conexión con el director, que te ayuda a construir el personaje y lo acabas asumiendo como una creación propia. En la televisión el personaje es más tuyo que del director. El cine es más lento de rodar, aunque, al final, los resultados son una pasada.

– La película por hacer…

– Me gustan aquellas que cuentan historias muy personales, que te hacen vibrar, sentir con ellas... Ese cine que es tan emocionante y te pone los pelos de punta.

– ¿Qué te ha dado la gimnasia?

– El aplomo de entender que, cuando sales, no hay vuelta atrás. Con tan sólo seis años me jugaba el trabajo de un año en pocos minutos…

– Dejaste la gimnasia…

– Fue durísimo para mí, apenas tenía dieciocho años y me sentía sola... Todas mis amigas pertenecían a ese mundo y mi sueño se había terminado.

– ¿Te costó más llegar por ser mujer?

– Afortunadamente eso cada vez está más equiparado.

– ¿Qué te inquieta…?

– Si me están contratando por el físico o por el talento.

– Pero el físico es muy importante en tu trabajo.

– Gracias a Dios, dentro de mi profesión, hay cabida para todo tipo de mujeres: guapas o feas, gordas o delgadas… Lo que importa es esforzarse…

– Para mí que tienes buen chasis y un excelente motor…

– Eres muy galante, pero tengo claro lo que intento demostrar cada día.

– Dímelo…

– Mi valía y sobre todo mi esfuerzo personal. Sin esfuerzo no se consigue nada. Es mi máxima en la vida. Intento no "vender" nada, ser yo misma.

– ¿Y no crees que la carrera de actriz, pese a toda la purpurina, es una carrera difícil, dura y complicada?

– Eso se resuelve con trabajo, sacrificio, estudio y mucha formación.

– ¿Formación?

– A veces te entra ese sentimiento de que tienes todo por aprender, de que no sabes nada de nada. Yo me he formado estudiando danza contemporánea, ballet clásico, danza moderna, hip-hop, cabaret, cursos de interpretación y cursos de doblaje.

– Pero es que el camino para llegar a la alfombra roja es largo y tortuoso. Está sembrado de insatisfacciones y desalientos…

– Nunca nadie dijo que fuera fácil.

– ¿El físico ayuda…?

– El físico es a mayores, a mí me ha tocado ser pelirroja y así soy...

– Con la mano en el corazón, María. ¿Cómo eres de verdad?

– Soy una persona alegre, optimista, cariñosa, tenaz y, como habrás comprobado, muy habladora.

– ¿Morriña por Galicia?

– Galicia y yo somos una. Necesito sentir la esencia gallega en todo mi ser, no lo puedo evitar…

– Eso es porque siempre se vuelve al primer amor, como decía el tango.

– Me ocurre cuando vuelvo a Vigo y siento el olor del mar, cuando estoy en Baiona y respiro de otra manera… Es el aire de mi infancia, es lo que soy…

María ríe con frescura y espontaneidad, ha pasado al elenco de actrices que forman mi educación sentimental. Nos despedimos mientras disparo mi último gesto ensayado: a lo William Holden, entre duro y emocional… Entonces ella me pregunta, mientras apunta la inevitable fuga por la Carrera de San Jerónimo:

"¿Ese tic facial es de nacimiento...?"

Vuelvo a la tierra. Aparco los sueños intactos. Tal vez sea lo único puro que nos queda. Ah, el mundo de las actrices… Siempre añorado, siempre tan inalcanzable como la línea del horizonte… Todavía recuerdo cuando era un crío que empezaba a intuir algunas de las incertidumbres de la vida e iba al cine sólo para ver a aquellas chicas espléndidas que envenenaban nuestros sueños a veinticuatro fotogramas por segundo, usando para ello el mejor de todos los venenos: el eterno femenino… María Castro se pierde por entre las brumas del barrio de las letras…

Mejor no meneallo… mejor no meneallo…

Muy personal

El libro.

‘Donde el corazón te lleve’, de Susanna Tamaro.

La música.

Ennio Morriconne.

La película.

‘Moulin rouge’.

La obra de teatro.

‘La Ratonera’.

El olor.

El de Galicia, a mar de Baiona.

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