Jueves 24.05.2012
| Actualizado 00.00
Hemeroteca web
|
RSS
Tras la caída de Ceaucescu surgió en Rumanía una oleada de jóvenes cineastas que, animados por una libertad recién recuperada, se decantaron por ofrecer al fin la imagen realista de su país que hasta la fecha la propaganda se había esmerado en distorsionar. Esta nueva tendencia, que tiene su mejor ejemplo en la premiada 4 meses, 3 semanas y 2 días (Cristian Mungiu, 2007), se caracteriza por una puesta en escena sobria y minimalista, muy en consonancia con la realidad social que trata de representar. Pocos nombres existen, como el de Radu Mihaelanu, que se desmarquen tan claramente de ese nuevo movimiento. Quizá porque éste pronto dejó Rumanía y se marchó a Francia carece de ese arraigo del que sí gozan sus contemporáneos, pero lo cierto es que sus historias nunca se han situado en su país. Tampoco su puesta en escena es precisamente austera. Sin duda beneficiado por la presencia entre el reparto de una estrella como Melanie Laurent -la joven judía de Malditos Bastardos (Quentin Tarantino)-, El concierto se ha podido mover sin problemas en la cartelera. Después de una tragicomedia sobre el nazismo y un drama sobre un niño judío, Mihaelanu presenta un nuevo trabajo que aunque en apariencia se vista de comedia, en cuyo fondo subyace un melodrama que roza lo empalagoso cuando se va destapando hacia el final de la historia. Más merece la pena la aventura principal en la que se embarca la banda de música protagonista, que se hace pasar por la orquesta del Bolshoi en el teatro Châtelet de París. En ese periplo, el cineasta dibuja con humor los últimos intentos de revivir un comunismo que ya sólo palpita en algunas viejas glorias, se ríe del atraso ruso y retrata el histrionismo del alma eslavo con medidas dosis de un humor ágil e ingenioso, pero que queda lejos de la magistral excentricidad y el absurdo con que los retrató Emir Kusturica en filmes como Underground. Con ese guión que va perdiendo fuelle a medida que avanza el relato, al final es probable que sólo los amantes de Tchaikovsky y los melómanos en general le den el aprobado.
