Jueves 24.05.2012
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Hace dos años, un par de meses antes de que el PSdeG-PSOE celebrase el XI congreso, su secretario general por aquel entonces abogaba porque en Galicia se produjera un "cambio ambicioso, de fondo, de calado; un cambio generacional". Y situaba a su partido en el eje central de ese ambicioso proyecto. Dicho con palabras suyas, el PSdeG debería ocupar una "posición de centralidad", a fin de convertirse en el instrumento de progreso de la sociedad gallega, sabiendo identificar y anticipar a sus retos.
Emilio Pérez Touriño decía estas cosas porque en su cabeza llevaba un proyecto de partido socialista, que había ido configurando en el transcurso de los años, en función de sus propias convicciones políticas y morales, pero también fruto de un atento conocimiento y análisis de cómo funcionaban los mecanismos internos de poder y las enormes fugas de energía que se producían hacia el exterior.
No por casualidad fue él quien sacó al PSdeG de la crisis profunda en la que estaba sumido tras la debacle electoral de 1997; quien lo elevó al poder autonómico en 2005; y quien consiguió que, en las eleciones municipales de 2007, seis de las siete principales ciudades gallegas tuvieran alcalde socialista y, por primera vez en la historia reciente de autonomía, la Diputación de Lugo fuese presidida por un socialista.
Pero Touriño también poseía un proyecto de país, que se sustentaba en dos grandes pilares: los ciudadanos y el territorio, desde una visión rehumanizadora del espacio natural y tomando la incorporación de dicha variable como referencia ineludible de un desarrollo económico, social y cultural, pero sin dejar de lado por ello la importancia de la doble perspectiva de base física y elemento de posición. Con lo cual ya no se trataba sólo de una cuestión de cantidad, sino que la calidad adquiría una importancia capital tanto en el diseño como en los objetivos de sastisfacción de las necesidades de los ciudadanos.
Es obvio que ese proyecto conectaba, más allá de planteamientos ontológicos, con el universo cultural de quienes en momentos mucho más comprometidos y difíciles habían luchado y conformado un ideario galleguista. Una actitud que, partiendo desde sus propios logros y sin necesidad de renunciar a ellos, situase a Galicia en la onda del progreso y en el ámbito de las sociedades avanzadas.
No es cuestión de entrar a detallar aquí los aciertos y errores del Gobierno bipartito, pero la perspectiva comparada que da el año transcurrido desde que socialistas y nacionalistas perdieron la Xunta, permite visualizar las grandes diferencias que hay entre los actuales y gobernantes y aquellos. Y todas esas diferencias se concretan en una: quienes ahora gobiernan carecen de un proyecto alternativo de país. Es más, en sus once meses en el poder, la principal tarea a la que se ha dedicado el actual Gobierno es a destruir el único proyecto que había. Tal es pacto que Alberto Núñez Feijóo selló en su día con los poderes fácticos que le apoyaron, que no son exactamente los poderes reales, aunque en algunos casos puedan coincidir.
Tras lo que pasó el 1 de marzo de 2009, probablemente Touriño haya aprendido que alcanzar esa hegemonía por la que apostaba sólo se podía conseguir de dos maneras: plegándose a los poderes fácticos o sustituyéndolos. No hizo ni una cosa ni otra, y el resultado está a la vista.
Ironías de la política, Emilio Pérez Touriño ha sido víctima de un cambio generacional, mas no del que él pretendía impulsar. Quizá debió hacer caso de quienes le aconsejaban que adelantase las elecciones a octubre de 2009, pero eso no fue más que un episodio en una forma de tomar decisiones atenazada por las dudas. Con su dimisión como diputado, Touriño cierra una etapa política, sin embargo su huella queda ahí para bien de todos los gallegos.
Con el aplauso popular
Pionero en el adiós a su escaño de Touriño fue el diputado popular Alejandro Gómez, quien en su intervención en sesión plenaria aparcó por un momento la licitación pública para trasladar el respeto de su grupo por la "decisión" del parlamentario socialista. En nombre de todos sus compañeros en el hemiciclo, agradeció al también ex presidente el trabajo hecho y le deseó "lo mejor", arrancando aplausos de del PPdeG.
Cuando arreciaron, también el vicepresidente del Parlamento, José Manuel Baltar, expresó el reconocimiento de la Cámara. El portavoz popular, Manuel Ruiz Rivas, también quiso agradecer "el servicio a Galicia", y su confianza de que pueda "seguir aportando" su experiencia a la comunidad. Hay quien, sin embargo, fue algo más duro: el vicepresidente provincial del PP y de la Diputación de Pontevedra, José Manuel Figueroa cree que la decisión de Touriño que es "una muestra de la descomposición del PSOE".
BNG: se va con dignidad
El portavoz del Bloque, Carlos Aymerich, también batió palmas ayer, contagiando a buena parte de su grupo. Deseó desde su escaño suerte a Touriño "tanto en lo personal, como en lo profesional, y, ¿por qué no?, también en lo político, aunque eso tiene que decidirlo el PSOE", manifestó. Aymerich quiso destacar del ex presidente de la Xunta su "dignidad" al pasar "discretamente" a un "segundo plano".
En declaraciones a los medios tras conocerse la renuncia a su escaño del ex líder del PSdeG, el portavoz de la formación frentista en la Cámara gallega confió en que tenga suerte "en su vida profesional, política y personal". "El BNG le desea lo mejor en la nueva etapa de su vida", abundó, tras admitir que la noticia de su dimisión cogió a los nacionalistas "un poco por sorpresa". "No sé si lo esperaban dentro del Partido Socialista, pero la verdad es que a nosotros nos cogió un poco por sorpresa", concluyó el dirigente del Bloque.
La gratitud del PSdeG
Faltaron quizá los aplausos en la despedida de Touriño por parte de sus compañeros de filas. Sí hubo algunos acercamientos, muestras de afecto y cariño, guiños. Además del líder del PSdeG, Manuel Vázquez, decía ayer esta boca es mía el portavoz de la formación Xaquín Fernández Leiceaga, quien pidió la palabra para que constase el reconocimiento de su grupo a la labor del ex presidente, que no asistió a la sesión de tarde. Leiceaga expresó la "gratitud especial" de su grupo "y estoy seguro que de toda la Cámara" para quien fue diputado durante tres legislaturas, así como presidente y portavoz del PSdeG y jefe del Ejecutivo gallego.
Quien fue su compañero de fatigas y su número dos en el partido, el ahora delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro, dijo, por su parte, que "Emilio constitúe un referente do compromiso coa tarefa modernizadora de Galicia como país, no marco dunha España plural, con fonda vocación europeísta".
