Jueves 24.05.2012
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| Técnicos volcados ayer en la retirada de la estatua de Franco |
Protagonizó las estampas más kitsch de la Transición en Ferrol: rodeado de SEAT 600, aclamado por señores con gafas oscuras y evitado por las manifestaciones del naval. Ni siquiera Franco quería a su propia estatua: mole verdosa de siete toneladas de peso que ahora pasa a mejor vida. Después de 35 años en la entrada de la ciudad y casi ocho de penitencia en el Arsenal, la figura ecuestre del dictador se hundirá para siempre en el olvido. Los albañiles iniciaban ayer su retirada, simbólica lucha dialéctica rumbo a la extinción de los últimos señores feudales.
Técnicos contratados por los propios mandos del Arsenal podrían concluir hoy el desmontado de la pieza en bronce. Con seis metros de altura se trasladará a otro espacio de los muelles pero ajena a todas miradas, dando cumplimiento a la Ley de la Memoria Histórica. Y acabará sus días en uno de los almacenes militares, oculto bajo un toldo como vieja pieza de barraca y rodeado por vestigios de años más duros.
Como propietario de la figura, el Ayuntamiento de Ferrol había anunciado el pasado 14 de enero su acuerdo alcanzado con el Ministerio de Defensa. El propio Arsenal se ofreció entonces a albergar al caballo y su jinete lejos de la visión humana, bien oculto en un almacén. Desde su retirada de la plaza de España en verano de 2002, la figura había permanecido en el Patio de Poniente de las instalaciones militares: justo frente al Museo de la Exposición Naval. Personal castrense, funcionarios de Defensa e incluso trabajadores del naval se tropezaban a diario con el gigante vestido de Capitán General de Ejército de Tierra.
Los operarios iniciaban ayer la retirada de las sujeciones del caballo, aunque al atardecer Franco seguía galopando a solas junto a la ría de Ferrol. En cuestión de horas, ni siquiera los turistas podrán sacarse ante él fotos de incierto morbo. Sólo saldrá a las calles en versión parodia de Carnaval, con humor y retranca para noquear al miedo.
