Jueves 24.05.2012
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El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, prometía el jueves al comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, en una conversación captada sin que fuesen conscientes, que la reforma laboral sería "extremadamente agresiva" y con una importante reducción de la indemnización por despido. Desvelada la incógnita, se puede afirmar que dicho y hecho, pues se cumplen las dos condiciones.
La prueba más clara de que De Guindos no iba de farol es que las medidas desgranadas ayer por la ministra de Empleo, Fátima Báñez, tras el Consejo de ministros donde fue aprobada la reforma (que afectará a los contratos firmados a partir de que hoy entre en vigor), no dejaron indiferente a nadie, desatando una auténtica catarata de reacciones.
Eso sí, unos, la patronal, que celebró la reforma como un paso "imprescindible y sustancial", están más contentos que otros, como los sindicatos e Izquierda Unida, que ya reclama movilizaciones en la calle para parar "este nuevo entuerto laboral". Una amenaza de su líder, Cayo Lara, que tal vez dé la razón al presidente Rajoy cuanto aventuraba que la reforma le costaría una huelga general.
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