Jueves 24.05.2012
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A NIVEL internacional, europeo y español estamos ante una crisis de confianza, que engloba a varias otras crisis: la de la burbuja inmobiliaria; la de los mercados financieros; la deuda; la de la gestión del comercio internacional; la de la gestión política; y la de la desconfianza de los mercados. Esta es la visión de la situación que ofrece Carsten R. Moser, patrono de la Fundación Bertelsmann y presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España.
Carsten participó en el III Foro de Economía Galega 2012, celebrado en A Toxa los días 2 y 3 de febrero de este año, con una ponencia titulada Análisis de la crisis en España y Europa: una perspectiva desde Alemania. Fue presentado por el periodista José Luis Goméz.
En su exposición diacrónica, el ponente concibe la globalización como un proceso que ha cambiado "radicalmente nuestras vidas por la forma que nos relacionamos", debido a la revolución tecnológica y de comunicación; la incorporación al mercado global de 3.000 millones de productores y consumidores desde 1980; el aumento del comercio mundial en 8,6 billones de dólares desde 1986 a 2005; y una disminución del hambre y del analfabetismo, acompañada de un importante aumento de la esperanza de vida.
El reverso de la moneda que ofrecía la globalización antes de la crisis podría resumirse en los siguientes datos: en 2005 más de mil millones de personas sobrevivían con menos de un euro al día y más de 10 millones de niños morían antes cumplir los cinco años; nunca había habido tanta desigualdad entre ricos y pobres; el blanqueo de dinero alcanzaba por esa fecha la cota del billón de euros, diez veces más que en 1990; y el volumen mundial del narcotráfico ha saltado de 330.000 millones de euros en 1990 a 660.0000 millones en 2005, exactamente el doble.
Entre 1990 y 2007, España vivió "su fase de crecimiento más larga en su historia económica". El PIB aumentó a una tasa media anual del 3,2%, hasta llegar a un PIB per cápita de 24.000 euros. La población ocupada pasó de 8 millones a 20 millones de personas. En parte, ayudada por una entrada masiva de inmigrantes que llegó a suponer más de 10 por ciento de la población total española. Ese proceso se completó con "un Estado del bienestar bien desarrollado".
Sin embargo, el modelo de crecimiento aplicado en España presentaba lagunas y desequilibrios que terminarían por precipitarse en la crisis y dificultar enormemente su salida. Carsten R. Moser distingue cuatro y por este orden: un exceso de oferta en vivienda de aproximadamente 1 millón de unidades; un alto endeudamiento privado (bancos, empresas y hogares) que ronda el 330 por ciento del PIB; un aumento desorbitado de los precios en el sector inmobiliario; y un déficit acusado en competitividad internacional de productos y servicios, como consecuencia sobre todo de las escasas inversiones realizadas en educación, formación e I+D+i.
Aunque Moser no hace mención de ello, de lo anterior se colige una economía que importa más que exporta, y recurre masivamente a la financiación exterior para mantener ese alto nivel de crecimiento. Esa alta dependencia del sector inmobiliario y del crédito exterior, explica por qué España será, junto con Irlanda y Grecia, de los países más afectados por una crisis que se inicia en Estados Unidos con el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la burbuja financiera generada por los productos derivados. Trasladada a Europa, la crisis de los mercados financieros se transforma en la crisis de la deuda, agravada por la "apuesta especulativa de los mercados contra los países débiles".
El presidente de la Cámara de Comercio Alemana recuerda que, al inicio de la recesión, el nivel de endeudamiento que presenta España (60%) está por debajo del de Alemania (80%), Estados Unidos (90%), Italia (120%) y Grecia (150%).
Descrita la situación, Moser aporta algunas soluciones.
En el caso del mercado de la vivienda en España, recomienda cambiar la compra por el alquiler, devaluar los precios hasta su valor real de mercado y reformar la Ley de Suelo. En el sector financiero apuesta por continuar con el proceso de fusiones y de recapitalización. Y en lo que respecta a la deuda: ahorrar en el gasto corriente, eliminar desajustes en los servicios prestados por las administraciones públicas, pagarle a los proveedores y privatizar servicios fuera del marco del Estado del bienestar.
Admitido que el Estado del bienestar actual "es insostenible", la solución para el caso español puede ir por dos vías.
Una. Aumentar los ingresos fiscales: a través de reformas (laboral, energética, judicial, etc.) que impulsen el crecimiento, del aumento de impuestos especiales e IVA, de darle la batalla al fraude fiscal y del copago.
Dos. Reducir gastos en sanidad, pensiones, desempleo y dependencia, y fomentar la competitividad entre el sistema público y el sistema privado.
Ssi se arregla Grecia, habrá eurobonos
Moser defiende la consolidación fiscal exigida por Merkel y Sarkozy, combinada con medidas de crecimiento. Está de acuerdo en que los bancos centrales deben coordinarse para inyectar suficiente dinero al sistema y con la puesta en marcha del fondo de rescate, que podría financiarse en parte con los ingresos de la Tasa Tobin. Cree que si se soluciona el problema de Grecia, Berlín aceptará introducir los eurobonos.
