Miércoles 23.05.2012
| Actualizado 22.13
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La foto de Eladio Fernández y José Manuel Baltar abrazados sentó como una puñalada en el corazón de los socialistas gallegos. Un hombre que fue fiel a los principios y a las ideas del PSdeG y que siempre se las tuvo tiesas con el PPdeG se pasaba al enemigo. Un torpedo en la línea de flotación de Pachi Vázquez, su compañero en la lucha contra la familia Baltar. ¿Qué pasó para este cambio tan radical? Más allá de las posibles promesas de cargos públicos (que haberlas, haylas) subyace una sensación de traición.
Eladio Fernández, que era el secretario provincial cuando Vázquez se encaramó a la secretaría general del PSdeG, quiso seguir en el puesto. Pero el partido no estaba por la labor (¿intuían algo?) y su anterior jefe pensó en Raúl Fernández para pilotar la renovación. Algo que no gustó nada a Eladio, quien se sintió abandonado por sus compañeros en un delicado momento de su vida personal y familiar.
Consumado el cambio llegan los reproches. Hay un hecho irrefutable: el tránsfuga está obligado a devolver sus actas de concejal y diputado ya que fue elegido en las listas del PSdeG. Ahora bien los socialistas no deberían mirar y acusar a Baltar y al PPdeG. El cambio de partido es una decisión personal que afecta a Eladio. Nadie le obliga a hacerlo. ¿No sería mejor una reflexión de por qué lo hizo antes que el insulto?
