Miércoles 23.05.2012
| Actualizado 22.13
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Siempre que la palabra educación va acompañada de términos como "cambio" o "reforma" hay un cierto escepticismo por parte de los implicados. Porque una sociedad puede ser productiva, pero si deja de pensar, da mucho que pensar y la educación es algo sobre lo que no se puede improvisar. No puede ser una simple emulación de otros modelos existentes en la UE o en USA, porque ningún sistema puede prescindir de su cultura ni puede desatender las necesidades específicas del propio país.
La tecnología puede ser una herramienta que ayude a estudiantes con necesidades educativas especiales o facilite el aprendizaje a distancia, pero no puede cambiar la educación por sí misma, en cuanto factor humano, porque no estamos hablando de un modelo empresarial que deba rediseñar sus prototipos para vender un determinado producto.
Del mismo modo que crece la alfabetización informática, aumenta el analfabetismo emocional. Un determinado software puede mejorar la presentación de una idea, pero no el pensamiento incluido en la misma. Para expertos como Lajoie o Sugrue, el ordenador y la web no modelan la actividad cognitiva, porque es necesaria una puesta en relación con los conocimientos adquiridos.
Si se atiende a las últimas encuestas realizadas por el área TIC de la USC, el 61% de los universitarios se conecta a la red y según IDC EMEA, se van a necesitar cada vez más profesionales formados en e-learning. Aunque estas cifras pronostiquen la implantación progresiva de las TIC, como ejemplo de excelencia académica, no se puede olvidar que el éxito es proporcional a la calidad del diseño, que debe partir de la consolidación de un modelo de aula inteligente (AI) donde tengan cabida las Humanidades, que suelen eludirse en materia tecnológica, derivando en una infravaloración del verdadero fundamento de la tecnología misma. Víktor von Weizsächer decía que "para investigar lo vivo se tiene que participar en la vida" o lo que es lo mismo, sin un compromiso interdisciplinar sólido no se podrá llegar a un sistema funcional que enseñe a vivir creativamente o lifelong education. El AI, por tanto, es un proyecto que contribuye a que los jóvenes consigamos el autodominio suficiente para convertirnos en seres auténticamente humanos.
