Miércoles 23.05.2012
| Actualizado 20.01
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A raíz de las querellas que tramitan en el Tribunal Supremo sobre el juez Garzón, son muchos los ciudadanos que se preguntan qué es lo que está pasando en nuestra judicatura. Y ciertamente están pasando muchas cosas, pero la mas grave es la que parte de un planteamiento interesado o de un error acerca de la "politización" de la justicia. En efecto, algunos de los que más hablan de los perversos efectos de la política en lo judicial, más confunden, a sabiendas, a los ciudadanos mezclando el órgano de gobierno de los jueces, el CGPJ, con la actividad que miles de magistrados y jueces, desempeñan con independencia y profesionalidad. Porque, una cosa es la penetración de la política, mejor dicho, de los partidos políticos, en la determinación de un órgano configurado constitucionalmente cómo "gobierno" que, por ello mismo, no puede, dejar de tener una composición, precisamente, política; y, otra cosa, muy distinta es el ejercicio jurisdiccional que se desarrolla todos los días en nuestros Juzgados y Tribunales, en donde acuden los ciudadanos en demanda de protección de sus derechos e intereses legítimos. El CGPJ, no nos engañemos, y no confundamos más a los ciudadanos, tendrá siempre una funcionalidad inevitablemente política, sea cual sea el sistema de elección de los Vocales. Y es que, atentos lectores, desde el año 1980, hemos ensayado todos los sistemas posibles para seleccionar a los integrantes del CGPJ, y todos esos métodos han fracasado en su resultado práctico, como demuestra lo que ahora está pasando. Por lo que quizás sólo queda resignarnos en aquella máxima de Oscar Wilde sobre que todo arte es completamente inútil.
